lunes, 18 de marzo de 2013

La liturgia y el inicio de un pontificado

La necesidad de formación litúrgica

Benedicto XVI insistió en aspectos de teología litúrgica y es importante que esa tarea continúe


Tenemos nuevo papa, llamado Francisco. Voy a señalar, a raíz de su elección, algunos puntos de reflexión litúrgica. ¿Motivos? La excelente catequesis litúrgica de Benedicto XVI casi obligaba a hacer una especie de 'parada y fonda' al respecto en el momento en el que este gran pontífice fuese sucedido por otro. No en vano, Benedicto XVI quiso que la edición de sus Obras completas (bajo el nombre de Ratzinger), cuya edición se ha iniciado hace no mucho en España de mano de la BAC, comenzara por el volumen titulado Teología litúrgica, que es el volumen XI. El deseo de comenzar por los escritos dedicados a la liturgia es ya indicativo de la querencia de Ratzinger/Benedicto XVI por este tema, así como de la importancia que supone para él y para su enseñanza.

Las siguientes reflexiones son en gran medida tomadas de la guía dada por Shawn Tribe en su artículo Some Liturgical Thoughts for the New Liturgical Movement Following the Election of Pope Francis, publicado recientemente, el pasado viernes 13 de marzo. Una buena lectura.

No va a ser esta una divagación acerca de si la aparición primera de Su Santidad Francisco en el balcón fue sin muceta ni de los aspectos litúrgicos de su primera misa como pontífice.

Los puntos van a ser más globalizantes. De puro sentido común. Allá va la lista:

1- Es evidente la importancia que Benedicto XVI ha dado a la liturgia. La catequesis y formación profunda en teología litúrgica: hay que continuarla. Será otro el estilo, otras las formas, y siempre con amor a la liturgia de la Iglesia.

2- No se trata de seguir un estilo, el 'estilo de Ratzinger'. Como recuerda Shawn en el artículo citado, el mero concepto contenido en el sintagma 'estilo litúrgico personal' es ya de por sí problemático desde el mismo momento en el que la liturgia no es, en absoluto, un asunto o posesión personal (o de este o aquel grupo o comunidad). Y si la liturgia no es una posesión personal o grupal ninguno puede alterarla o violentarla a voluntad, sin criterio o de modo arbitrario. La figura del sucesor de Pedro aquí tiene otro lugar, claro.
Algunas citas para apoyar lo que acabo de decir en este punto 2:
  • «Que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia» (Sacrosanctum cocilium 22, 3; y, por qué no: cfr. Puebla 902; 903; 904; 940). 
  • «Tras el concilio Vaticano II se generó la impresión de que el Papa podía hacer cualquier cosa», pero no es así: […] «su potestad se liga a la tradición de la fe […]. La autoridad del Papa no es ilimitada: está al servicio de la Santa Tradición», Joseph Ratzinger, Introducción al Espíritu de la Liturgia.
  • Benedicto XVI, en una magnífica catequesis acerca del Vaticano II, cuando afirma lo siguiente, en la línea de la “hermenéutica de la continuidad” promovida por él desde el comienzo de su pontificado: «Los Padres conciliares no podían y no querían crear una Iglesia nueva, diversa».
 3- Pero, ¿es la liturgia papal un modelo a seguir? Si nos fijamos en las celebraciones de Benedicto XVI, que a veces ha sido vistas como modelos, hay que decir que estas son ejemplares, sí, pero no porque sean un modelo a seguir para imitarlas sino que son ejemplares porque son celebraciones que han seguido los principios litúrgicos. Estoy con Shawn Tribe cuando dice: It is the principles that matter and we should keep that always closely in mind («Son los principios lo que importa, mantengamos eso muy presente»).

4- Por eso se trata no simplemente de focalizarse de modo exclusivo en la 'legislación litúrgica'. Si algo podemos aprender de Benedicto XVI es que la clave está en la formación litúrgica. ¿Formación para qué? Pienso que para lograr que se interiorice la verdad contenida en la siguiente afirmación (aunque podrían citarse otras muchas): «No podemos ignorar que hoy hay fuertes tendencias que conciben la liturgia como un mecanismo montable y desmontable arbitrariamente, lo cual es incompatible con la esencia de la liturgia» (Joseph Ratzinger, El espíritu de la liturgia). La formación litúrgica, la creación de cultura litúrgica (cultivados en teología litúrgica) tendrá este objetivo: la liturgia no es propiedad del hombre sino don de Dios. Esto, como es evidente, es totalmente compatible con las legítimas adaptaciones litúrgicas así como está claro que los libros litúrgicos no son meteoritos del espacio exterior elaborados por mano no humana, como si la liturgia fuera algo caído del cielo.

5- En el tiempo que acaba de comenzar, el del nuevo pontificado de Francisco, deseo y espero que la semilla plantada por Benedicto XVI crezca y dé fruto necesario. Creo firmemente, con Benedicto XVI, que la revolución cristiana nace con la liturgia. Así, refiriéndose a la eucaristía, él afirmaba: «Pidamos al Señor la gracia de aprender a vivir cada vez mejor el misterio de la Eucaristía, de manera que comience así la transformación del mundo» (homilía del Jueves Santo In Coena Domini, del 9 de abril de 2009). Ciertamente, ha llegado el tiempo del verdadero culto

Actualización: Por otra parte, no quiero decir con este artículo que la panacea sea un hipertrofiado 'panliturgismo'. «La sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia», afirmaba Sacrosanctum concilium en su número 9. La riqueza es mucha, desde aplicaciones pastorales según las diferentes realidades y culturas hasta la dedicación amorosa al estudio y puesta en práctica de la doctrina social de la Iglesia, y un largo etcétera. La Iglesia es rica en todo, y también las eventuales adaptaciones litúrgicas legítimas hechas por motivos pastorales acercan a las personas a Dios. Evitando la rigidez de un mero rubricismo nos acercamos también a la mayor riqueza de la celebración del misterio cristiano, que es el Misterio de Cristo.