lunes, 19 de noviembre de 2012

Conversación y conversaciones

Un encuentro con monseñor Piero Marini y otras cosas...

Hace pocos días pude reunirme con algunos compañeros liturgistas, de la madrileña Universidad San Dámaso. El motivo se debía a un cursillo de liturgia organizado por el Arzobispado de Madrid: A los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II. El protagonista era monseñor Piero Marini, quien fuera maestro de ceremonias del beato Juan Pablo II durante veinte años. Marini fue también, en su día, discípulo de Bugnini.

Durante la mañana monseñor Marini se reunió en petit comité, digamos, con los alumnos del Bienio de Liturgia de San Dámaso así como con quienes lo fuimos en su día. Después comimos todos juntos. Ya en la ponencia vespertina que monseñor pronunció, titulada Aplicación de la reforma litúrgica por Juan Pablo II y Benedicto XVI, Marini podía haber dedicado más tiempo a este último pontífice. Dado el título de la ponencia, el hecho de no mencionar más que la reforma relativa a la elección del sumo pontífice, es decir, al modo del cónclave, hecha por Benedicto XVI por iniciativa personal, me parece poca cosa. Más si tal mención es de apenas un minuto. Luego hay otro motu proprio de Benedicto XVI que monseñor Marini no mencionó. ¿Me extraña? Se trata de un texto que, dada su temática y objeto, recuerda muy al principio que «en primer lugar existe el temor de que se menoscabe la Autoridad del Concilio Vaticano II y de que una de sus decisiones esenciales –la reforma litúrgica– se ponga en duda». Y sigue: «Este temor es infundado». Por cierto, acerca de estos dos textos del Papa alemán, recomiendo el artículo de Rafael Navarro-Valls, Nueva muestra de la vitalidad legislativa de Benedicto XVI.


Monseñor Piero Marini

¿Pudo dar la impresión, al escuchar a monseñor Piero Marini, que la reforma litúrgica del Vaticano II supuso (supone) un borrón y cuenta nueva o un ricominciare da capo, como dicen en otro artículo? Respondo que sí, y es una impresión que no es justa, monseñor.