viernes, 6 de julio de 2012

Sexo a toda costa

Conferencia sobre el SIDA en Viena: presentan gel contra el VIH

No se debe identificar sexualidad con genitalidad


Artículo redactado por Jesús Mata Simón


Aunque últimamente las noticias están compuestas casi exclusivamente por la situación económica, el ocio y el tiempo, de pasada dedican breves reportajes para hablar del siempre amado avance científico. Más, si cabe, cuando toca temas de salud, donde la aprobación es unánime y se puede percibir que progresivamente nos acercamos al ideal de inmortalidad.
Sin pretender minusvalorar el bien que supone la ciencia, nos encontramos con muchas carencias; proyectos que, con una fachada humanista y salvadora, son movidos por los soplos que le insuflan el poder y todos sus hermanos.
La semana pasada, en la XVIII Conferencia sobre el Sida celebrada en Viena, presentaron un gel microbicida que frenará el contagio del VIH en las relaciones sexuales. Las partículas microscópicas que la forman se encargan de unirse al virus, lo rodean, lo bloquean e impiden que entre dentro de la célula y, por lo tanto, no la infectan. En los animales han conseguido una efectividad del 90%, y estiman que en tres años saldrá al mercado.

Francis Bacon
Two figures

Sin embargo, no podemos negar que nuestra cultura es pansexualista y que, irremediablemente, se hace evidente en estas cosas: los esfuerzos de investigación se enfocan en erradicar problemas salvaguardando al divinizado Eros.
Por desgracia, esta concepción esconde un gravísimo error al identificar la sexualidad con la genitalidad. Y esto supone una paradoja, puesto que somete a la persona a vivir en el determinismo de la pulsión y en la ambigüedad de la emoción. El resultado es el miedo a buscar la verdad del deseo, del amor, esterilizando a la persona misma para amar. La consecuencia inmediata se halla en la gran inestabilidad de toda relación amorosa, la dificultad para construir un verdadero hogar, el fracaso y la frustración en la experiencia del amor. Pero, ¿acaso le interesa esto al mercado, al Poder, los intereses crematísticos? ¡En absoluto! 
¿Quién apuesta hoy por educar a la persona en la totalidad de dimensiones, en integrar todas ellas, incluida su dimensión afectiva? Parece que nadie. De ahí que esté convencido de que, aunque se llegue a erradicar el VIH, el problema de fondo seguirá presente, e incluso tomará más gravedad. El problema, en última instancia, no es sanitario sino moral. 
Ya nadie habla de la bondad de la sexualidad en la medida en que es una fuerza, una pulsión, que nos impulsa a salir de nosotros mismos, permitiendo y provocando una reciprocidad esponsal: el amor esponsal. Es, por lo tanto, una llamada a la comunión.
La interpretación de la experiencia del amor entre un hombre y una mujer implica una promesa, la promesa de un amor mucho más grande, que nos impulsa a construir una historia de amor, un amor creciente y totalizante. La sexualidad es el cauce del amor, el lenguaje capaz de unir a dos personas en una intimidad singular, abriendo un espacio de auténtico encuentro. El significado de la sexualidad consiste en la apertura al otro que me mueve hacia el don de sí, capaz de ser fecundo, de promover la vida en una lógica de la sobreabundancia.
Por el contrario, no se es consciente de la vital importancia que implica una integración afectiva, que permite al hombre ser capaz  de amar con todo su ser. Además, resultará incluso un insulto mencionar la virtud de la castidad y el puesto clave que desempeña en la sexualidad, ya que supone dar una nueva luz a la inteligencia: la luz del amor que hace descubrir la singularidad y la irrepetibilidad de la persona amada.
El acto sexual se ha vaciado y “descarnado” eliminando la entrega y acogida del otro en la totalidad de su ser espiritual, afectivo, emocional y sexual en la unión amorosa.
A pesar de la radicalidad de mis palabras, no quisiera quitarle un ápice de importancia a la gravedad del problema aquí planteado; es cierto, que la sexualidad no es algo simplemente espiritual, y que tiene su propio dinamismo y no es fácil controlarlo ni integrarlo. Pero, no obstante, me sentiría satisfecho si estas líneas fueran motivo de una sincera reflexión personal, que pusieran de manifiesto que la persona está por encima de cualquier interés y pretensión que la sociedad actual le impone.

Jesús Mata Simón
@jesusmata91