viernes, 21 de octubre de 2011

Año de la Fe Porta Fidei: Historia

La Carta Apostólica Porta fidei

Motu proprio que convoca este Año de la Fe.



El pasado 11 de octubre de 2011 es convocado dicho 'annus fidei' por medio de este documento el documento: 
«He decidido −dice el Papa− convocar un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012, se celebrarán también los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis, realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica», Porta fidei, 4 (la negrita es mía).


¿Hubo algún otro Año de la Fe o algún precedente similar?

Efectivamente, la idea tiene su origen en la celebración, hace ya cuatro decenios, de los diecinueve siglos del martirio de los dos grandes príncipes de los Apóstoles, Pedro y Pablo. Aquel fue el Año de la Fe de 1968, que concluyó en 30 de junio, fecha en la que Pablo VI dio a conocer un texto importantísimo: El Credo del Pueblo de Dios. Discurso y profesión de fe en la clausura del Año de la Fe. Este Credo ha venido ha llamarse también Credo de Pablo VI. Ese Año de la Fe de 1968 se había promulgado mediante la exhortación apostólica Petrum et Paulum, publicada el 22 de febrero de 1967. Con ella, Pablo VI convoca el Año de la fe: desde el 29 de junio de 1967 al 29 de junio de 1968, toda la Iglesia está llamada a celebrar el XIX centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, «primeros maestros de la fe». De este modo vemos que apenas han pasado ni siquiera dos años desde la clausura del concilio Vaticano II cuando Pablo VI hace una solemne profesión de fe en aquella ocasión.

Journet-Maritain, Correspondance
Es el cardenal Georges Cottier, quien nos cuenta la historia de todas las circunstancias que rodearon este acontecimiento, que no deja de sonar extraño: ¿a qué una professio fidei de parte del Pontífice cuando los textos conciliares del Vaticano II estaban aún 'frescos' y tenían todo un proyecto de despliegue por delante, en los años que habrían de seguir? Cottier explica cómo El Credo del Pueblo de Dios es ininteligible (nos referimos a su génesis) sin saber la relación que mantenía el cardenal suizo Charles Journet con el eminente filósofo francés Jacques Maritain. Asimismo, la amistad entre ambos se uniría a la figura del propio Pablo VI, aunque ya era sabido que Maritain, entonces viudo, mantenía con quien fuera arzobispo de Milán una amistad desde muchos años atrás. Por no repetir, remito al lector al interesantísimo artículo donde se cuenta todo esto: en la revista 30Giorni (en español). No dejen de leerlo, pues el Año de la Fe que acaba de convocar el propio Benedicto XVI podrá entenderse mucho mejor. Naturalmente, las circunstancias no son ahora las de un tiempo inmediatamente posterior a un concilio ecuménico, y más de la naturaleza que posee el Vaticano II, pero sí se dan unas claves socio-religiosas que, dentro del doble patrón de crisis y de fruto, deben acoplarse a la realidad histórica de los primeros años de este nuevo siglo y milenio. De hecho, ya en torno al contexto en el que fraguó El Credo de Pablo VI, se tuvieron en cuenta las palabras del entonces joven teólogo Joseph Ratzinger:
«A principios de 1967, el Concilio se había clausurado hacía poco más un año, pero —como ya señalaba el teólogo Joseph Ratzinger en su famosa conferencia pronunciada en Bamberg, en el mes de julio del año anterior— «reina un cierto malestar, una atmósfera de frialdad y también de desilusión, como la que normalmente sigue a los momentos de alegría y de fiesta». En esa situación, con la exhortación apostólica Petrum et Paulum, publicada el 22 de febrero de 1967, Pablo VI convoca el Año de la Fe: desde el 29 de junio de 1967 al 29 de junio de 1968, toda la Iglesia está llamada a celebrar el XIX centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, "primeros maestros de la fe"»; tomado del artículo citado de 30Giorni, la negrita es mía.
Fe ante la confusión
Así pues −y con ello no quiero decir, evidentemente, que la conferencia de Bamberg fuese la que moviera a Pablo VI a tal convocatoria− parece ser que el clima de cierta confusión que siguió al concilio y coincidió con el centenario del martirio de Pedro y Pablo, todo ello, hizo necesaria una profesión de fe por parte del Papa. Esa era, sin duda, la opinión contrastada de Maritain: recordemos su Humanismo integral y su obra El campesino de la Garonne, aparte de los testimonios de Journet y de Cottier [1]. Maritain denunciaba cómo tras el Vaticano II muchos, con la excusa de falsos aggiornamenti, promovían la desviación doctrinal. De hecho, en la Carta Porta fidei, en su número 5, Benedicto XVI corrobora esto, diciendo: «En ciertos aspectos, mi Venerado Predecesor vio ese Año [de la Fe de 1968] como una «consecuencia y exigencia postconciliar», consciente de las graves dificultades del tiempo, sobre todo con respecto a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación».


El próximo Año de la Fe 2012-2013


A día de hoy, el actual Papa nos recuerda en la Carta Porta fidei que:
«Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas», Porta fidei, 2.
Con esta perspectiva, no es extraño que el Papa haya convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. La clave está y estará en leer los textos conciliares con la hermenéutica correcta, como señala el Papa, quien une esta lectura con otro hecho irrenunciable: hay que encontrar nuevas maneras de profesar públicamente el Credo. Lectura ortodoxa del concilio Vaticano II más profesión de la fe contenida en el Símbolo: he aquí las dos claves de la ecuación. El Papa quiere que todo ello se una a los preambula fidei que muchos  de nuestros contemporáneos, sin ser aún creyentes, mantienen en su mente y rumian en su corazón:
«No podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de "lo que vale y permanece siempre"», Porta fidei, 10 § 6.


NOTAS
[1] Cardinal Journet-Jacques Maritain, Correspondance, Fondation du Cardinal Journet et Èditions Saint Augustin, 2008. Son 303 cartas.