jueves, 21 de julio de 2011

Marx y Husserl: visión de la técnica

En este artículo expondré brevemente las visiones que Marx y Husserl ofrecen acerca de la técnica



Karl Marx (1818-1863)
En primer lugar, respecto a Marx, hay que señalar las influencias teóricas en la visión que éste ofrece sobre la sociedad y sobre la historia que desembocarán en el cambio al materialismo. Podemos resumir dichas claves en dos puntos esenciales, ya que ambos puntos nos permitirán ofrecer de forma clara cómo Marx elaboró su propio progreso teórico, el cual, sin duda, dio paso a la introducción del materialismo y de la visión materialista. El primer punto trata de evitar una interpretación socio-histórica propia de la filosofía idealista, protagonizada por Hegel. La ruptura con el idealismo alemán da paso al segundo punto: la introducción de un nuevo paradigma –el materialismo−, según el cual Marx demostró la piedra angular de dicha postura, a saber: que el primer acto de todas las sociedades (históricas) es siempre económico, ya que los seres humanos tienen que satisfacer sus necesidades materiales diarias antes que cualquier otra cosa. Y es aquí donde la técnica entra en juego: es importante destacar que las necesidades materiales y económicas no pueden producirse privadamente como la propiedad de uno, sino únicamente cuando empleamos los medios de producción. Marx pensaba que todos los seres humanos debían emplear los medios de producción para satisfacer sus necesidades elementales y que, en primer lugar, estos deben satisfacer sus necesidades materiales. Esto significa que la búsqueda diaria  y a determinadas horas para lograr la satisfacción de las necesidades materiales estructura el resto de sus actos y actividades en la historia. Como consecuencia, los actos económicos se convierten en los actos históricos más importantes. La evolución de los medios de producción gracias al desarrollo de la técnica ofrece un ‘problema’ de interesantes implicaciones, porque –en palabras de Marx–, «observamos desde el punto de vista histórico que sólo una clase de personas siempre ha poseído o monopolizado los medios de producción a lo largo de la historia». Esta condición de la propiedad sobre los medios de producción es el hecho más importante de la teoría materialista de la historia ya que provocó la división de la sociedad en clases económicas [1].
Edmund Husserl
(1859-1938)
En cuanto a Husserl, y para el tema que nos atañe, podemos referirnos a la obra que se ocupa de este tema de manera peculiar, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental. El interés de Husserl no se dirige a un pasado irrecuperable, o a una simple historiografía de los inicios, sino que se mueve, en cambio, en la situación actual (la que le tocó vivir a Husserl), aquella en que él como hombre y como filosofo vive: aquella Europa que ha conocido la crisis del pensamiento positivista, de la idealización del progreso, a través de la primera devastadora guerra mundial, justo porque la confianza en las potencialidades universales de las ciencias, sobre las cuales la humanidad occidental ha apoyado todo, en la esperanza de un mundo nuevo, de un mundo cambiado por el hombre, ha sido decepcionada. Por todo esto, la búsqueda husserliana es un análisis de la situación presente en aquellos años del siglo XX (y cuyos coletazos vivimos aún hoy, en la época que ha venido a denominarse 'posmoderna'). Pero el presente muestra justamente unos evidentes factores de crisis. No se trata solamente de una crisis cultural en sentido débil, en el sentido de las ideas dominantes, como Spengler había sostenido en su texto, conocidísimo y controvertido en su época, El ocaso del occidente. Es una crisis que compromete la entera humanidad occidental, el corazón y la esencia de la misma Europa. ¿Pero cómo podemos hablar de crisis −se pregunta Husserl−, y por qué hablamos de crisis de las ciencias si, a pesar de la humillación de la técnica que la Gran Guerra ha llevado consigo, las ciencias siguen produciendo resultados sorprendentes, y siempre más de tal manera que nunca la humanidad, en los milenios de su historia, ha conocido? Ahora bien, no está en cuestión el resultado al que las ciencias llevan. El factor de la crisis es una pérdida esencial del sentido.

Los científicos hacen lo que hacen, pero ya no saben por qué lo hacen. Su trabajo consiste en indagar la naturaleza y en manipularla a través de la técnica, una naturaleza ya no más concebida como existente para el hombre, sino, por así decir, por sí misma, ya sin una unión de sentido con la humanidad, hasta la humanidad de los mismos científicos que la indagan y la estudian. Y es esta naturaleza, este mundo objetivado, ya sin ninguna inherencia al hombre, que vive esto con una pregunta por el sentido, aunque lo científico nos haga pasar lo real como verdad en sí. No verdad como desvelarse de un sentido, sino verdad como descripción objetiva de la realidad visible, perceptible, mensurable, investigable con los instrumentos, esencialmente, del investigador físico. Nace el mito de la explicación científica de lo que supersticiosamente era captado con un vínculo de significado que ponía en relación la naturaleza y sus signos con la vida del hombre. Sin embargo, contrariamente a lo que el buen sentido común sugeriría, este sutil análisis de Husserl no lleva consigo ante todo una valoración moral. Husserl distingue entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu (humanas), rechazando que ellas sigan el mismo método de las primeras ya que en las ciencias de la naturaleza prima la causalidad y en las segundas está presente la motivación o intencionalidad. Esa es la razón por la que sus ideas estaban centradas en la construcción de una ciencia eidética [=fenomenología] [2] que sirviera de base a las ciencias humanas.


[1] Marx, Karl y Engels, frederick, The German Ideology, New York: International Publishers, [1845] 1947, 8-13.
[2] Husserl definió la fenomenología como el estudio de las estructuras de la conciencia que capacitan al conocimiento para referirse a los objetos fuera de sí misma, siendo este tipo de reflexión la ‘reducción fenomenológica’; y advirtió que la reflexión fenomenológica no presupone que algo existe con carácter material; más bien equivale a "poner en paréntesis la existencia" (epojé), es decir, dejar de lado la cuestión de la existencia real del objeto contemplado.