miércoles, 29 de junio de 2011

Barbarie de la ignorancia

El libro de la semana:
La barbarie de la ignorancia 

George Steiner y Antoine Spire


Este libro es fruto del diálogo que George Steiner mantuvo con el periodista Antoine Spire durante el programa de radio À voix nue, retransmitido en 1997 por France Culture (Radio France).

En la obra se hace una valoración de los terribles acontecimientos del siglo XX: las dos guerras mundiales, los totalitarismos, los gulags, los campos de la muerte nazis; y todo ello bajo el prisma de una cultura, la europea, que antes de 1914 parecía haber asegurado su progreso y su estado pacífico gracias al optimismo de la razón propio de los siglos precedentes. «Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total», afirma Steiner.

El libro comienza con un recorrido por los años de formación de un Steiner, hijo de judíos, cuya familia ha de huir a Francia y más tarde a los Estados Unidos para escapar de la persecución de Hitler. Estas circunstancias le valieron al profesor Steiner la oportunidad de crecer en el trilingüismo, lo que, según su propio testimonio, le abrió la mente, le hizo sentirse verdaderamente cosmopolita, en el auténtico sentido griego de la palabra: ciudadano del planeta. «¡Fue para mí la mejor de las suertes! −sostiene SteinerCada lengua es una ventana que da a otro mundo, otro paisaje, otra estructura de valores humanos. [...] Dar a un niño una serie de lenguas equivale a dar a su personalidad, para empezar, un sentido ampliamente humano». Precisamente de esta primera experiencia vital es por la que Steiner considera 'patria' al «lugar en el que a uno le dejan trabajar», estableciendo con ello un claro contraste con el judaísmo ortodoxo y/o nacionalista, para el que el pueblo judío debe su existencia al regreso y establecimiento en la Tierra Prometida, el actual estado de Israel.

Otro aspecto fundamental es el modo de exponer el difícil concepto de cultura. Tanto a través de las preguntas y aportaciones de Spire como a partir de las respuestas de Steiner se observa con claridad que esta noción no sólo no es fácil de abarcar conceptualmente sino que, además, a nadie se le puede imponer el gusto por lo que, de un modo más general, es considerado como 'alta cultura'. Es decir, un Platón, un Valèry, un Bach... Y aquí Steiner nos asombra −y yo estoy totalmente de acuerdo con él en este punto−: «¿Con qué derecho puede uno obligar a un ser humano a alzar el listón de sus gozos y sus gustos? Yo sostengo que ser profesor es arrogarse este derecho». ¿Soberbia? Más bien creo que, a estas alturas, la sensatez obliga a aceptar que la tarea del maestro exige humildad extrema: sólo desde ahí el profesor puede ser præpotens, como recuerda Steiner, porque «la cultura es exigente, cruel por el trabajo que exige».

George Steiner en diálogo con Antoine Spire, La barbarie de la ignorancia, Taller de Mario Muchnik, Madrid 1999.