lunes, 4 de abril de 2011

Alexandre Koyré

Alexandre Koyré, Reflexiones sobre la mentira

La mentira totalitaria



Alexandre Koyré, autor de Reflexiones sobra la mentira [1], nació en Taganrog, Rusia (1882) y falleció en París (1964). Este filósofo francés de origen ruso realizó sus estudios en Gottingen (Husserl, Hilbert), para luego proseguirlos siguiendo las clases de Henri Bergson en el Colegio de Francia. Destaca esencialmente por su labor como historiador de la filosofía y de la ciencia, aunque también es interesante acercarse a sus estudios sobre los místicos, publicados en el año 1955. En 1952 la Academia Internacional de Historia de las Ciencias le incluye entre sus miembros y, cuatro años después, en 1956, la prestigiosa Universidad de Princeton (EE.UU.) le nombra miembro de su Instituto de Estudios Avanzados.

El texto de Koyré que nos ocupa ahora se centra en la noción de mentira como instrumento de manejo político empleado de manera recurrente por todo tipo de totalitarismo. El autor centra su análisis en el período en el que Europa y el mundo habían visto emerger tanto nazismo como comunismo, ideologías ambas coincidentes en el ansia de querer hacer de la totalidad del pueblo-nación una masa sobre la cual obtener un tipo de control mental tan logrado que el individuo perdiera su identidad creyéndose, a la vez, elector plenamente libre de sus acciones. Esa facultad asombrosa de decir lo que no es: he aquí el arma arrojadiza del totalitarismo, su bandera, enarbolada ahora y siempre para fomentar la hostilidad y el desarraigo, el odio hacia 'el que no es de los nuestros', 'el diferente', en definitiva: el Otro.

En la edición que manejo, el prólogo corre a cargo de Juan Bautista Ritvo. Éste señala lúcidamente que uno de los aciertos de Koyré se basa en un análisis sencillamente iluminador según el cual «la cualidad distintiva de la mentira totalitaria es que se fabrica en y para la masa y luego desarrolla aspectos centrales de la noción de masa, particularmente la oposición ciega y potencialmente criminógena entre nosotros y los otros [...]». A partir de aquí, invito al lector de este breve artículo a acercarse a la obra de Koyré (evito en este punto que estas líneas se conviertan en un resumen del libro, a modo de contraportada o de solapa editorial). Sí quiero, de todos modos, lanzar al aire las siguientes cuestiones que, fruto de mi lectura personal, no son sino ideas surgidas a la luz de una posterior reflexión.

En primer lugar, y situándonos en el momento histórico que nos está tocando vivir, hay que destacar cómo la mentira supone un alejamiento de la realidad, base ésta según la cual el hombre toma conciencia de sí, y cuyo falseamiento va a constatarse en la progresiva deshumanización que venimos observando en el hombre posmoderno (guste o no este epíteto histórico-ideológico). Desde aquí pueden lanzarse las redes para explicar la absoluta opacidad en que ha caído el axioma moral operari sequitur esse, sin cuya comprensión se pasa desde la absoluta inmoralidad en sus diversas formas (siendo la más conocida la apuesta fraguada en el denominado relativismo moral), hasta formas de moralidad -como la propuesta del inmanentismo kantiano- que conducen a un mero formalismo moral. Sin poder ahondar ahora en estos aspectos, hemos de decir simplemente que no puede darse una verdadera moral junto a tan falaz olvido de la persona y del acto, que tiene en sí mismo un inexcusable elemento de perfección. Ser y obrar no pueden dividirse sin hacer encallar la cuestión moral en un naturalismo. Creo que el instrumento de la mentira, herramienta desvinculante de la persona con la realidad en la que la persona misma está inserta (y que, aunque desvinculada de ella, 'cree' y tiene por verdadera) tiene, en este caso, todo el potencial de una bomba atómica.

Así, en segundo lugar, constatamos un debilitamiento de la experiencia radical del hombre, un debilitamiento de la percepción que yo tengo de mí mismo. Incluso el saber humano queda reducido, como afirmaba von Balthasar, a vacío técnico, siendo el ser humano no más que una anima tecnica vacua. Faltando la distinción entre ficción y realidad, no es difícil toparse con un campo abonado para que brote el totalitarismo. Dicho de otro modo: la preparación al totalitarismo es la pérdida de la experiencia de la verdad. Unidos al totalitarismo (y esto es históricamente muy fácil de constatar), tanto ateísmo como laicismo se muestran incapaces de ver lo radicalmente humano del hombre, deshumanizándolo. Y no se piense que, desde aquí, pretendo hacer falsa apologética del cristianismo. También muchos creyentes han caído en la tentación de hacer de la fe un instrumento desvinculador de la realidad: una fe a la defensiva. Sí: la fe ya no está dentro del mundo, tristemente; pero para muchos creyentes el mundo ya no está dentro de su fe. Otra forma de totalitarismo, el extremismo religioso, no está tampoco exenta de la pérdida experiencial a la que aludíamos antes: pérdida de la experiencia radical del hombre, tanto en su dimensión epistemológica como en su dimensión ontológica. Habrá que preguntarse si todos estos tipos de falseamientos, estas mentiras, no son sino la misma mentira en su forma más paradójica: la de ser proclamadas tranquilamente a plena luz del día. Koyré señala que en esto, la mentira totalitaria tiene algo de  innovador:
"Il est vrai également, que ni les Estats, ni les partis totalitaires ne sont des sociétés secrètes au sens précis de ce terme et qu'ilsagissent publiquement. Et même à grand renfort de publicité. C'est que justement -et c'est en cela que consiste l'innovation dont nous avons parlé plus haut- ce son des conspirations e plein jour" [También es cierto que ni los Estados, ni los partidos totalitarios son sociedades secretas en el sentido estricto de este término, y que actúan públicamente. E incluso con gran cantidad de publicidad. Es que justamente -y en eso consiste la innovación de la que hablamos más arriba- se trata de conspiraciones a la luz del día].
NOTA:
[1] Utilizo la edición:  ALEXANDRE KOYRÉ, Reflexiones sobre la mentira (edición bilingüe). Ediciones Leviatán, Buenos Aires 2009, 80 páginas.