miércoles, 5 de enero de 2011

La Epifanía del Señor ¿Sabemos qué celebramos?

Ghirlandaio (1449-1494), Adoración de los Magos

A pesar del sentir común, el día de la solemnidad de la Epifanía del Señor no sólo se hace memoria de la adoración de los Magos. Es más, ni siquiera se trataría de eso, pues lo que importa realmente es la manifestación de Dios en el Verbo encarnado, que es lo que suscita la adoración de los tres sabios de Oriente. La Liturgia de las Horas nos recuerda a qué tres manifestaciones singulares de Cristo dirige hoy su mirada la Iglesia. Veamos, por ejemplo, la antífona del Benedictus de este día, que reza: Hoy, la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. El bautismo de Jesús, el episodio de los magos y las bodas de Caná son, pues, las tres manifestaciones -'epifanías'-, que recordamos en este día. La referencia, que puede resultar extraña, que dice que "los magos acuden a las bodas del Rey", significa que el Hijo eterno, al tomar carne humana se desposa con la Iglesia, a la que da inicio, ella es su Esposa y su Cuerpo, por quien, ya desde el pesebre, ha empezado ha entregar la vida. Cristo se desposa con la humanidad para rescatar al hombre caído. Es también hermosa la idea contenida en este otro adagio: "Vinieron magos y se fueron reyes"; es decir, la categoría del encuentro. Quien se encuentra con Cristo experimenta la vida nueva y recibe el espíritu de realeza. Él nos hace, por el Bautismo, sacerdotes, profetas y reyes. Al igual que los tres santos reyes, cuyos cuerpos se veneran en la catedral de Colonia, nosotros obtenemos gracia tras gracia del encuentro con Cristo: Él es el vedadero regalo, el primordial don, por ello oro, incienso y mirra le son ofrecidos. Es necesario insistir y ahondar en estos aspectos que se celebran en esta solemnidad, que gran parte del pueblo cristiano desconoce totalmente y que, desgraciadamente, tampoco son predicados en las homilías.