lunes, 31 de enero de 2011

Eucaristía: Sacrificium laudis

Elevación tridentina
La Eucaristía es sacrificio de alabanza. El mismo Canon romano se expresa en estos términos:

«Acuérdate Señor, [...] de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos,  por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza a ti, eterno Dios, vivo y verdadero».
¿Qué se realiza en la Eucaristía? Cuando el sacerdote que preside inicia la oración eucarística, invita a la asamblea a dar gracias: Demos gracias al señor, nuestro Dios. En la plegaria eucarística la secuencia de los términos es la siguiente: "recordamos... ofrecemos... damos gracias". En la visión de la fe cristiana, todas las 'obras maravillosas' que Dios ha cumplido en favor del hombre hallan su cumplimiento y su culmen en la Pascua del Señor, esto es, en el evento de la muerte y resurrección de Jesús. Este acontecimiento establece de modo definitivo la Nueva Alianza de Dios con toda la humanidad y es el centro de todo el acontecimiento de Cristo como acontecimiento salvífico.

En la celebración de la Misa recordamos y hacemos memoria de la obra de salvación realizada en el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo, misterio que se hace sacramentalmente presente en el pan y en el vino, y ofrecemos al Padre este único y eterno sacrificio. Hacemos esto dando gracias a Dios porque nos hace compartir estos dones de la salvación. En los Hechos de los Apóstoles (2, 46-47), san Lucas subraya el ambiente de 'alegría' y de 'alabanza a Dios' en el cual se desarrollaba la vida de la primitiva comunidad cristiana, alegría y alabanza que hallban su expresión más explícita en la reunión de la comunidad para celebrar la Eucaristía o fracción del pan.

La carta apostólica Mane nobiscum Domine, 26, hablando del significado de la palabra "eucaristía", afirma: «En Jesús, en su sacrificio, en su «sí» incondicional a la voluntad del Padre, está el «sí», el «gracias», el «amén» de toda la humanidad». La Iglesia está llamada a recordar a los hombres esta gran verdad. Es urgente que esto se haga, sobre todo, en nuestra cultura secularizada, que respira el olvido de Dios y cultiva la vana autosuficiencia del hombre.

Fuente: Liturgia opus trinitatis, blog del profesor Matías Augé
Traducido por: Sentire cum Ecclesia.