viernes, 26 de febrero de 2010

Manifiesto a favor de la vida

El próximo día 7 de marzo hay convocadas numerosas concentraciones a lo largo y ancho de España, Hispanoamérica y EE.UU., para reclamar que se derogue una ley tan injusta e inhumana como la del aborto. En todas las concentraciones convocadas en nuestro país se leerá, bajo el lema 'España, vida sí', un manifiesto a favor de la vida que puede leerse íntegro pinchando aquí. En él se empieza recordando el Manifiesto de Madrid, avalado por la firma de numerosos científicos: "A día de hoy existe la evidencia científica de que desde el momento de la fecundación aparece una nueva vida humana. Así lo ha ratificado el Manifiesto de Madrid, presentado en marzo de 2009 y firmado por más de 3000 científicos españoles".
Nosotros en España lo tenemos difícil, y no es por ser pesimista sino observando la casta política que nos ronda. Para muestra dos botones: cuando representantes de 'Hazte Oír' y de 'Derecho a Vivir' se presentaron la semana pasada en el Congreso para hacer entrega de 1.067.315 firmas en contra de la ley del aborto, tanto Cunillera como el 'católico' Bono -ambos del PSOE- se negaron a recibirlas. Menos mal que finalmente las recibieron los vicepresidentes Fernández Díaz y Pastor. El otro ejemplo: el senador socialista Lertxundi es uno de los que han votado la miserable ley proabortista en el Senado. Lo curioso es que Lertxundi es fundador y presidente del centro abortista 'Euskalduna' ¿No da vergüenza? Para que luego digan que no hay negocio ni se mueven millones de euros con este crimen. Afortunadamente, 'Derecho a vivir'  ha anunciado que recurrirá la votación del Senado basándose en el voto interesado de Lertxundi. Esperemos que la iniciativa prospere.

domingo, 21 de febrero de 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

Vivir del perdón, vivir el perdón

Juan Pablo II perdona a Ali Agca
Hace unos días, publiqué un comentario en el blog de Manuel Mª Bru, en un artículo suyo titulado 'La justicia de Dios'. Aunque sea feo citarse a uno mismo, por comodidad repito aquí mi comentario:
"Ciertamente, la justicia de Dios desarma nuestra rebeldía, y lo digo en clave de eficacia global, es decir, en el sentido de que antes o después todos y cada uno de los hombres habrán de medir las ‘fuerzas’ de esa rebeldía. Porque ahí se juega todo. Es más, pienso que ante la justicia de Dios manifestada en la Cruz, se nos quiere manifestar la esencia misma del Tiempo (pongo mayúscula): ¿Cuándo me convertiré? ¿Cuándo se convertirá el mundo? O, en la formulación dada por Jesús mismo: “Cuando regrese el Hijo del hombre ¿encontrará fe sobre la Tierra?”. Cerrazón a la voluntad de Dios es cerrazón a aquel Acontecimiento cuya fecha fue -es- bien concreta y verdadera en la Historia; es cerrazón al desplegarse en el Tiempo del plan de Dios. ¿Podrá nuestra sociedad arrostrar por sí sola este pulso soberbio?" Pincha en 'Más información' para seguir leyendo...

viernes, 19 de febrero de 2010

El i-Pad de Dios, segunda parte



Henri de Lubac, s.j. (1896-1991)
Leo a Henri de Lubac y, como siempre, me quedo boquiabierto. A de Lubac lo conocí gracias a dos cosas: a mi ignorancia, y a la presentación encendida que del sabio jesuita nos hizo en una de sus clases mi querido maestro Manuel González López-Corps. Hace de eso ya seis años. Mi ignorancia sigue aún hoy. No creo que de Lubac pudiese hacerse una idea de los avances tecnológicos de los que ahora disponemos, como tampoco creo que un Huxley o un Orwell apuntaran con sus vaticinios tan alto como para pensar que nadie superara el listón de la barbarie estéril que encontramos en A brave new world (Un mundo feliz) o en 1984. Ese listón que aterra, pensarían, ha llegado a su cenit. Hoy, sin embargo, el estilo Fosbury está depuradísimo, y cualquier científico manipula embriones, se los carga, los clona, los multiplica, los desecha... y mil cosas más. En definitiva: lo que esos novelistas cuentan, pero más, y encima sucediendo de verdad. Cuando leí Un mundo feliz pasé miedo, pero siempre podía cerrar el libro y decir buenas noches. En la vida real eso, me temo, no puede hacerse, por mucho que algunos se empeñen en aquello de 'deja de preocuparte y disfruta'. No creo, decía antes, que de Lubac pudiese hacerse una idea de nuestros avances tecnológicos, y esto en el sentido de que jamás pudo pensar en un i-Pad ni en cosa semejante. Pero profetizó al milímetro la tiranía del cientifismo, del tecnologismo o del 'nihilismo tecnológico', como dice V. Puig en el prólogo introductorio, prólogo excelente. La obra, El drama del humanismo ateo, es portentosa. No es ahora mi interés hacer una recensión del libro, pero en él de Lubac se enfrenta a otros tres profetas también, aunque de otro bando: Comte, Feuerbach, Nietzsche. Este último ya formaba parte de otro tridente que da cosa: los 'maestros de la sospecha', según la conocida expresión de P. Ricoeur. Estos son, además de Nietzsche, Marx y Freud.
La cosa está ahora en cuestionarse lo siguiente: ¿todo lo que puede hacerse, debe hacerse? En el ámbito científico-tecnológico, ¿todo lo investigable y ejecutable, debe llevarse a cabo? Técnicamente podemos clonar seres humanos, pero, ¿debe hacerse? Y así podemos seguir con infinidad de cosas. En este tema ha insistido Benedicto XVI con gran acierto, y antes muchos otros. Y bien ¿qué decidir? No se trata de la simpleza consistente en, o ser retrógrado, y despreciar el avance, o ser progresista y tirar para adelante. En este caso la sociedad se ha convertido en un asno de Buridán de lo más curioso: no muere de hambre y de sed por no elegir (y esto es ya elegir); sencillamente languidece y muere por elegir su propia insensatez. Estamos en una era de posmodernidad que se define, precisamente, por ser el momento de la poshumanidad... Seguiremos con el tema.

La 'Liturgia Horarum' y Eucaristía (3 de 3)


Conceptos fundamentales que iluminan la relación Eucaristía-Liturgia de las Horas

Cristo yaciente de Mantegna

Sin pretender hacer un elenco cerrado, nos serviremos ahora de las luces que pueden arrojar sobre nuestra cuestión los conceptos de materia [1], alimento y escatología [2].
En primer lugar, toda acción sacramental de la Iglesia está vinculada a los elementos materiales de los que dispone el hombre, que tiene a su alcance dentro de la realidad en la que vive, y que van a ser signo de una realidad distinta, trascendente. En lo que ahora nos atañe, disponemos de los elementos cósmicos con los que ‘juega’ la sacramentalidad eucarística: el pan y el vino; y la ‘sacramentalidad’ de la LH: el tiempo, elemento éste en el que se dispone y fluye la oración de la Iglesia peregrina, que se despliega en el devenir del propio sucederse temporal, a la vez que se inserta misteriosamente en el Hodie divino [3]. Pan y vino por un lado, y sucesión temporal por otro, son las realidades que, tocadas por la oración de la Iglesia con la fuerza del Espíritu [4], quedan transformadas profundamente y adquieren un nuevo significado (transignificación) y una nueva realidad. La transubstanciación de las especies en la celebración eucarística hace que hablemos de la presencia real de Jesús –‘real’ no por exclusión sino por excelencia [5]–. Es decir, en la eucaristía se actualiza realmente el misterio pascual. Análogamente, durante el tiempo en que la Iglesia celebra y vive, se actualizan los misterios de la vida de Jesús, y esto queda expresado a lo largo de todo el ciclo del año litúrgico y en la LH [6]. La profundización en los misterios de la vida de Jesús, en su persona, sus sentimientos, viene iluminada por esta doble actualización de su presencia [7], a saber, en la LH y en la Misa, estableciéndose una importante clave de lectura basada en el binomio Palabra-Sacramento. Pincha en 'Más información' para continuar leyendo...

jueves, 18 de febrero de 2010

'Liturgia Horarum' y Eucaristía ( 2 de 3)


Veamos ahora la relación entre Liturgia de las Horas y Eucaristía según la Ordenación General de la Liturgia de las Horas (=IGLH, Institutio Generalis Liturgiae Horarum [1])

El número 12 de la IGLH [2] viene precedido propiamente por el título que reza: Relación entre la Liturgia de las Horas y la eucaristía. Conforme al dictado de Laudis canticum, se repite la idea de que la LH es la extensión de la alabanza y de la acción de gracias a todos los momentos de la vida cotidiana, cuyo centro es el sacrificio eucarístico. Por tanto, la LH es entendida en un primer momento como prolongación cultual, para después –en el segundo párrafo del mismo número– señalar que la LH es preparación magnífica de la celebración eucarística, y sitúa esta orientación hacia la misma eucaristía en el marco del crecimiento en las virtudes teologales, junto con «la devoción y el sentido de abnegación». Pincha en 'Más información para segur leyendo'...

jueves, 11 de febrero de 2010

'Liturgia Horarum' y Eucaristía: Introducción y lectura de 'Laudis canticum' (1 de 3)


Graduale Aboense

Introducción
            «Como la vida de la Iglesia se desarrolla por la participación asidua del misterio eucarístico, así es de esperar que recibirá nuevo impulso de vida espiritual con la redoblada devoción a la palabra de Dios, que dura para siempre (Is 40, 8; 1Pe 1, 23-25)». Dei Verbum 26.

El i-Pad de Dios

Queremos tocar, queremos saber en qué realidades nos tocamos eso esencial que somos y tenemos. El ser humano manifiesta en su progreso algo más que capacidades: se muestra deseando, se descubre en el deseo. Y toca el mundo. Gira la cabeza para acercarse a la nariz de Cleopatra, y a eso, paradójicamente, lo llamamos 'tomar distancia'. Si César o Alejandro hubieran tenido el arma de la inmediatez se habrían embriagado cubriendo distancias sin abandonar apenas los duros mármoles de la patria. Pero también deseaban. Tocar, ver, decir aquí. Y eso es todo un impulso de acabamiento, una procedencia y una remisión: de dónde venimos, hacia dónde vamos. Se puede discutir si en nuestra posmodernidad la razón se ha convertido en un puro factum, una instrumentalidad. Política y economía, hoy, no pasan de aquí, desgraciadamente. Pero es irónico: hasta carente ante sí misma de sentido propio, esa instrumentalidad deviene metafísica. Han presentado el i-Pad como la metáfora viva de la Encarnación del Verbo. Tocar el control que mueve el mundo en unas pulgadas, en un espacio -aquí- y en un tiempo -ahora-. ¿Es la contingencia o es la destilación de la misma para beber el licor de lo absoluto? Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que palparon nuestras manos... Y da vértigo, como aquella cámara de Hitchcock, acercándose al objeto mientras se aleja el zoom.

La Creación, de Miguel Ángel (detalle)

Y da vértigo porque aquí está el problema: lo abstracto en lo concreto, lo absoluto en lo contingente. Este es el mayor desafío a que la razón humana se ha enfrentado jamás. A Kant y a otros les podía parecer todavía que la razón podría fundamentarse a sí misma. Ahora ya no. Muchos candidatos espúreos han pretendido ascender al trono, pero ¡qué miedo da estar allí arriba cuando no se es digno! La razón misma imita en su pretensión absoluta aquel mismo Absoluto que niega. Pero hoy ya no. Desesperados de nosotros mismos, somos razón eficaz y cibernética. Y todo por negar lo histórico en lo histórico que somos, esta carne y estas manos, como alumnos sin pedagogo que se dan clase a sí mismos. Y así seguimos. El error está en obligar al dilema: o el absoluto o la tradición histórica. Elegir lo absoluto al más alto precio: desdeñando lo histórico necesario e insustituible. Como si a las palabras del lenguaje con las que pensamos el mundo le sobraran a la atención benigna de quien esto escruta.

miércoles, 10 de febrero de 2010

sábado, 6 de febrero de 2010

"Abiertos a la vida": ¿significa 'tener que tener hijos'?

Abiertos a la vida a la luz de la Humanae vitae

Vamos a tratar un tema que es de actualidad, sobre todo entre los miembros del Camino Neocatecumenal, dado que al Sr. D. Kiko Agüello le fue concedido no hace mucho el Doctorado Honoris Causa en Sacra Theologia por sus labores apostólicas, entre las que se mencionó el haber acercado a las familias cristianas la doctrina de la procreación expresada y enseñada por Pablo VI en la encíclica Humanae vitae (en adelante HV).

jueves, 4 de febrero de 2010

Comunicación con pacientes vegetativos


Reproduzco aquí una noticia que me facilita mi amigo David Prieto, de San Sebastián de los Reyes:

CON IMÁGENES RESPONDEN "SÍ" O "NO"
Científicos logran comunicarse con pacientes en estado vegetativo
Investigadores ingleses y belgas han conseguido que éstos respondan mentalmente a sus preguntas a través de un escáner cerebral. El estudio supone un gran avance para los pacientes y sus familiares, y despierta numerosas cuestiones éticas.
Cuando un daño cerebral severo priva a una persona de la capacidad de comunicarse con los demás, el individuo es incapaz de reaccionar ante ningún estímulo y por ello, médicos y familiares se han preguntado hasta ahora si en esos casos las personas siguen conservando la consciencia.
La investigación, llevada a cabo ente Bégica y el Reino Unido, muestra que mediante resonancias magnéticas se pueden detectar en tiempo real signos de conciencia en pacientes en estado vegetativo. Sometieron al estudio a 54 pacientes. Pincha en 'Más información' para seguir leyendo...

Cerca de Dios


Ayer, día 3 de enero, memoria de san Blas, obispo y mártir, lloré cuatro veces. Una abrazando a mi hijo Víctor. Otra leyendo a Primo Levi. La tercera, ya de noche, con Theo Angelopoulos. La cuarta es la más secreta...

El Domingo: primer, tercer y octavo día (y 2)


Si no habéis leído la primera parte de este artículo, que era una suerte de introducción al tema, podéis pinchar en el título de esta segunda parte y enlazaréis directamente allí. Decíamos allí que una comprensión teológica adecuada del Domingo lo presenta como primer, tercer y octavo día. Aunque parezca extraño a muchos, esta comprensión es muy hermosa, y muestra una concepción del tiempo verdaderamente original. Empezaremos, aunque cambiando el orden del título, por el Domingo como tercer día.
* El Domingo como tercer día. Ese 'día tercero' al que se había referido Jesús tantas veces cuando anunció su Pasión a los doce es el día después del Sabbath que Él mismo, con su resurrección, iba a hacer suyo: Dominica dies=Domingo. Es el día del signo de Jonás (Mt 12, 38-42) cuya sola idea implicaba dos días previos  de sufrimiento en los que la fe no iba a ser tan fácil y cuya sola mención niguno de los discípulos podía soportar, como se sabe por boca del mismo Pedro (Mt 16, 21-23). En la cita de Mateo que acabamos de mencionar, y que corresponde al primer anuncio de la Pasión, Jesús señala claramente que él, después de todo, iba a "resucitar al tercer día" (Mt 16, 21). Pedro, sin embargo, se revela ante lo que tenía que suceder justo antes ("ir a Jerusalén y sufrir mucho [...], y ser matado", ibid.): ¿es que no había escuchado en qué acabaría todo? Pero este tercer día señala una conexión fundamental con la Pasión, y nos conduce a una conclusión clara: el Crucificado es el Resucitado. La resurrección es algo que principalmente le sucede a Jesús, y no es fruto de ningún esfuerzo de fe o del ánimo de la comunidad de discípulos. Ellos, tras la muerte de Jesús, más bien estaban muertos de miedo (Lc 24, 37), tristes (Lc 24, 18), escépticos, incrédulos, duros de corazón (Mc 16, 14), dubitativos (Mt 28, 17). De modo que eso de que la resurrección es producto de la comunidad pospascual, no tiene sentido, aunque algunos hayan pretendido hacer pasar esto por algo piadoso, como Loisy cuando afirma: "Quien resucitó a Jesús para los que habían creído en él fue el trabajo íntimo de la fe" (A. Loisy, Los orígenes del cristianismo). Por otra parte, la comprensión del domingo como ese tercer día después de la Cruz y del Sábado nos obliga a contemplar dicho triduo como un todo, y a afirmar, por tanto, que tan Pascua es el Viernes Santo como el Domingo de Resurrección. No se trata de una gradación según la cual sólo es Pascua el Domingo: todo el Triduo Santo es Pascua; lo que fuerza a reconocer nuestra limitada concepción del tiempo humano, que considera las horas y los días como desligados unos de otros, o como una mera sucesión de instantes y momentos.
* El Domingo como primer día. El pensamiento común, 'findesemanista', de una sociedad secularizada, sólo piensa en cómo acabar la semana olvidando los problemas y pesadas cargas de los días anteriores. La semana pagana de hoy se compone de cinco o seis días de trabajo en jornadas insufribles que desembocan en dos días -sábado y domingo- en los que la gente suele explotar y, como si se tratara de descorchar una botella de champán que se ha estado agitando demasiado tiempo, unos aprovechan para trasnochar y olvidar, otros para dormir, otros para ir asistir a la 'liturgia' de esas nuevas catedrales modernas, los centros comerciales. La misma institución familiar no queda inmune a esta forma de pensar, y a muchos se les hace imposible la convivencia entre padres e hijos, acostumbrados como están a no parar por casa nada más que para dormir tras la jornada laboral. Sabido es que los divorcios aumentan precisamente en períodos vacacionales, en los que el tiempo compartido aumenta el roce y la discordia. Es paradójico. Si antes la pregunta por la trascendencia se situaba a instancias de la pregunta sobre la vida tras la muerte, el hombre de hoy la máxima cuestión metafísica que alcanza a formular es la de si hay vida después del trabajo... La pena es que esta 'mentalidad de fin de semana' ha calado también entre los cristianos, cuando para nosotros el inicio del tiempo es, precisamente, el Domingo. No es el último día de la semana, sino el primero. Esto se ve claramente en idiomas como el portugués, donde el lunes se llama 'feria segunda', el martes 'feria tercera', el miércoles 'feria cuarta', etcétera. Esta forma de referirse a los días de la semana como 'ferias' viene del latín tardío cristiano, y permanece hoy en la forma eclesiástica, donde, por ejemplo, es sabido que la feria cuarta -miércoles- el Papa imparte siempre una catequesis. Se trata de la impronta cultural del cristianismo en la forma de concebir el tiempo humano. Sin embargo, como tantas veces le escucho insistir a Manuel González, los calendarios litúrgicos aún caen en el error de señalar el inicio de la semana con el lunes, colocando al Domingo en último lugar, cuando en realidad es el primer día de la semana.
La base escriturística es clara, después del Sabbath judío, con el que concluye la semana, viene 'el primer día' de la misma, día en el que resucitó Cristo: "El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro" (Jn 20, 1). Ese día, a partir de entonces, se convierte en el "Día del Señor", el domingo cristiano. Así lo atestigua de nuevo Juan al decir que la visión en éxtasis del Apocalipsis sucedió el día del Señor (Ap 1, 10: "Caí en éxtasis el día del Señor [...]). De modo que es la resurrección la que provoca el paso del sábado judío al domingo cristiano, día por excelencia de la Pascua semanal, día del Señor y por ello también día de los que llevan su nombre, día de la Iglesia. Si el sábado judío es memoria de la Creación del mundo, el domingo lo es de de una nueva creación por la resurrección de Cristo, donde la expresión "día primero" da cuenta de un nuevo comienzo para todo el Cosmos. Los Padres supieron recoger esta nomenclatura escriturística para explicar su significado: "En este día del Señor han comenzado las primicias de la creación del mundo; y el mismo día Él ha dado al mundo las primicias de la Resurrección" (pseudo-Eusebio de Alejandría, PG 86, 416). Fijémonos en la expresión han comenzado las primicias, muy importante, puesto que a partir de ahí toda la creación se dirije a su punto Omega. La Pascua es así recapitulación de todo en Cristo e inicio de la nueva creación. Así dice Pablo: "Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios" (Rm 8, 19). El cristiano comienza la semana el Domingo con las primicias de la Pascua celebradas y recibidas en el altar eucarístico.
* El Domigo como día octavo hace referencia al día séptimo que es el sábado del Antiguo Testamento, en el que se manifiesta el decanso de Dios en la Creación (Ex 20, 11), así como la esclavitud del pueblo judío en Egipto (Ex 31, 15). El número ocho expresa aquí 'un salirse del tiempo' que se proyecta hacia la eternidad de la Gloria futura y que anticipa la Parousía del Señor. El testimonio patrístico es también unánime en esta nomenclatura, que no es moderna. La Epístola de Bernabé dice así: "Justamente nosotros celebramos también el día octavo con regocijo, por ser el día en que Jesús resucitó de entre los muertos" (Ep. 15, 9). Día octavo lo llaman también Justino, Tertuliano Cipriano, Basilio Magno y Agustín. El Domingo como día octavo significa la plenitud del tiempo, la eternidad, el día que no acaba porque no tiene ocaso. Aquí enlazan,como dice Agustín, el Sabbath y el Domingo. El Sábado día séptimo no acaba en una tarde, sino en nuestro Domingo, que no puede acabar, consagrado como está por la Resurrección de Cristo (cf. De Civitate Dei, 1. 22, c. 30; en PL 41 803-804).
Respecto al número 8, esta es una cifra que, en la gematría tiene un significado especial. Gematría es la ciencia tradicional que tiene por objeto interpretar simbólicamente las palabras a partir del valor numérico de las letras que la componen. Esto, claro, sólo es posible en las lenguas cuyas letras poseen además un valor numérico, como en las semíticas o el griego o el latín. Pues bien, en esto vamos a seguir las explicaciones del clásico libro de Jean Hani, El simbolismo del templo cristiano. Explica Hani que el nombre de Jesús en griego da como resultado 888, símbolo de plenitud y perfección: Ιησούς; donde la Ι=10; la η=8; la σ=200; la ο=70; la ύ=400; y la ς=200. La suma de cada letra da 888 (aunque hemos escrito en minúsculas, el valor es el de cada una de las ltras en mayúscula). Sin meternos ahora en el complejo tema de la simbología sagrada, baste decir que el 8 ha sido siempre la cifra de Cristo. De ahí que las pilas bautismales antiguas tengan forma de octógono, en referencia a Jesús y al Domingo: con el Bautismo se inserta el ser humano en el Misterio de Cristo, nace la nueva criatura del agua y del espíritu Santo, cuya existencia, a partir de entonces, contará sus días como una flecha que apunta a la plenitud escatológica en comunión con Cristo.