domingo, 12 de diciembre de 2010

Deseo de amar

Buena meditación para este Domingo III de Adviento, Dominica Gaudete:

San Francisco de Sales, 1567-1622
«El enfermo desganado no tiene apetito, pero desea tenerlo; no quiere comer, pero quisiera quererlo. No está en nuestra mano saber si amamos a Dios sobre todas las cosas si el propio Dios no nos lo revela, pero podemos saber si deseamos amarle, y cuando sentimos en nosotros el deseo del amor sagrado, sabemos que ya empezamos a amar. Es nuestra parte sensual y animal la que apetece comer, pero es nuestra parte racional la que quiere este apetito; y como no siempre la parte sensual obedece a la racional, ocurre muchas veces que deseamos apetito y no lo podemos tener. Pero el deseo de amar y el de amor depende de la voluntad misma; por ello, tan pronto como hemos formado el verdadero deseo de amar, empezamos a sentir amor; y a medida que el deseo crece, el amor va progresando. Quien desee ardientemente el amor, amará pronto con ardor. ¡Quién nos diera arder en este deseo, el deseo de los pobres y la preparación de su corazón, que Dios acoge favorablemente! (cfr. Sal 9, 38). Quien no está seguro de amar a Dios, es pobre; si desea amarle, es mendigo de aquella feliz mendicidad de la que el Salvador ha dicho: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos (Mt 5, 3)» [1] [2].


NOTA
[1] SAN FRANCISCO DE SALES, Tratado del amor de Dios, Edibesa, Madrid 1999, pp.716-717: Libro XII, Consejos para progresar en el amor divino.
[2] La negritas son mías.