jueves, 7 de octubre de 2010

El porno también evangeliza (II): una respuesta

Como al subir el enlace del anterior artículo a la página de noticias menéame, titulado El porno también evangeliza: una anécdota, he recibido ciertas críticas en la página citada, así como un comentario crítico en el artículo anterior, que lo calificaba más o menos de argumentación sin sentido, creo que es mi deber dar una breve respuesta.
Respecto al anterior artículo, uno (de seudónimo Nanay) comentaba:
"Pues mira, me he detenido en la página y lamentablemente para vosotros he de decir que es una de las argumentaciones más traídas por los pelos, (o sea, tonta), que he leído nunca. Renuncio a explicaciones con más profundidad. Sobran".
A lo que respondo que el breve artículo anterior no es una 'argumentación' que trate de demostrar algo. Simplemente da cuenta de una curiosa, pero real, anécdota, narra algo que ha sucedido. Ahora, si Vd. ve argumentación con tintes demostrativos en el artículo, quizá se pueda estar refiriendo (si no es así corríjame, por favor) al hecho de que dicho artículo intenta convencer de que algunos de los tres que estaban navegando por una página porno y ha acabado fortuitamente en este blog católico pudiera haberse visto 'removido' moralmente (no hablo de 'conversión'), tal posibilidad no es descartable al cien por cien; bueno, aunque en un principio el objetivo del artículo no es dar a entender que todo el que lee un blog católico se convierte, la admisión de tal 'casualidad' no es desdeñable. ¿Cuánta gente no se ha convertido a Dios por un simple hecho aparentemente fortuito y, al parecer, sin importancia? Salvando las distancias, pienso en la conversión de san Ignacio de Loyola sólo por leer vidas de santos en un momento de convalecencia en el que no disponía de otro tipo de libros (las monjas que le cuidaban no tenían libros de caballería, que eran los que él deseaba leer con avidez); o la conversión ya famosa de un Paul Claudel, de un Giovanni Papini o de un C.S. Lewis... o la conversión de aquel a quien todos tenían por loco sólo y que cambió de vida de un modo asombroso al oír una homilía de san Juan de Ávila. Hemos de admitir, al menos como posibilidad real, que nunca sabemos cuándo Dios nos va a tocar el corazón endurecido. Concédame, como poco, que eso podría ser así.
Paul Claudel,
portada de la revista
Time

Simplemente se trata, en este blog, de continuar la tarea evangelizadora de la Iglesia. Ante la objeción de ciertas corrientes de pensamiento que consideran que evangelizar es “imponer” y por tanto “una violación de la libertad religiosa”, el Papa Benedicto XVI, el pasado lunes 4 de octubre, respondió con una cita de la Evangelii nuntiandi de Pablo VI, recordando qué entiende la Iglesia por evangelización:
“Proponer a la conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer —sin coacciones, solicitaciones menos rectas o estímulos indebidos— , lejos de ser un atentado contra la libertad religiosa, es un homenaje a esta libertad, a la cual se ofrece la elección de un camino que incluso los no creyentes juzgan noble y exaltante”.
Además, recalcó el Papa, los no creyentes tienen “derecho” de recibir “a través de los cristianos el anuncio de la Buena Nueva de la salvación”. En fin, quien tenga oídos, que oiga. Sólo se trataba de dar cuenta de las vueltas que da la vida (ninguno de los 'sexonautas' se levantó ese día con el plan de visitar un blog católico), y de cómo cualquier oportunidad, por mínima o fortuita que sea, puede aprovecharse para establecer un cambio de rumbo en la vida.

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