jueves, 28 de octubre de 2010

El cristiano y la angustia

Tomada de lo que fue la cita del día del pasado 26 de octubre este es el artículo para el día de hoy (que no la cita del día para el día de hoy, atentos: mirad en la parte superior del blog). Bueno, allá vamos...
"Si se observa, aunque sólo sea de lejos, con qué frecuencia y qué claridad se habla de la angustia en la Sagrada Escritura, se dará por sentado, ante todo, esto: la Palabra de Dios no tiene miedo de la angustia (y sólo le conocemos en la situación de caída y de Redención en vías de cumplimiento). Como el dolor y la muerte, la angustia no es la palabra de Dios un pudendum que no haya que nombrar. Precisamente su oficio es "juzgar los sentimientos y pensamientos del corazón: ninguna criatura queda invisible ante ella; todo está desnudo y descubierto ante los ojos" Hb 4, 12-13). Escribe esto H.U. von BALTHASAR, El cristiano y la angustia, Caparrós Eds., Madrid 1998. Ha sido éste uno de mis muchos libros recibidos como regalo de mi cumpleaños -el próximo 30 de octubre-; libros que, evidentemente, a nadie dejo elegir: quien regala, paga, ese es su 'privilegio'. A lo que vamos. Es cierto que la angustia, ante Dios, no es un innombrable (me encanta ese calificativo von balthasiariano de pudendum). Pero cuesta tanto decírsela a uno mismo. Y, si uno no hace eso, es que tampoco a Dios se la está diciendo. He aquí el dilema: esconderse ante uno mismo la propia angustia es lo mismo que esconderse ante Dios. Cuando von Balthasar afirma que la Palabra de Dios no tiene miedo de la angustia (y sólo le conocemos en la situación de caída y de Redención en vías de cumplimiento), el autor une lo absoluto con lo relativo, para hacer de éste último una realidad de plenitud: lo absoluto es la Palabra de Dios que no tiene miedo; lo relativo, que aquí -en esta vida- sólo le conocemos [a Dios] en la situación de caída y de Redención vías de cumplimiento. Esto es apasionante, ¿no?
La Palabra de Dios no tiene miedo de la angustia