martes, 15 de junio de 2010

Koinonía-Communio

"La fe trinitaria y la fe en la encarnación trasladan la idea de la comunidad divina del ámbito de los conceptos filosóficos a la realidad histórica de nuestra vida. Por eso se comprende que en la Tradición  cristiana la Koinonía-Communio se haya convertido en un atributo del Espíritu Santo (cfr. 2 Co 13, 13)" [1].


Joseph Ratzinger
Meditando acerca de estas palabras del entonces cardenal Ratzinger me preguntaba acerca de dos cosas: sobre la fe y sobre los sacramentos. Trataré de acercarme a ambos -muy brevemente- en este artículo. El acontecimiento sin igual de la Encarnación (me gustó siempre escribir esta palabra así, con 'e' mayúscula) hace que la fe cristiana sea lo más alejado al concepto de 'religión' en el sentido original de la palabra. Es decir, si la religio es ese proceso o esfuerzo humano por acercarse a lo divino sin contar con la siempre previa iniciativa de Dios, el cristianismo no es, de ningún modo, una religión. De hecho, dada la peculiaridad de la naturaleza del ser humano, creado por y para Dios, se me antoja difícil pensar en una religión -la que sea- cuyo primer impulso de acercamiento a lo divino y a lo eterno no brote de Dios mismo como fuente originaria, por muy oculta que ésta quede. Esa es la esencia de toda auténtica experiencia religiosa, cristiana o no, y aún de muchos otros proyectos humanos aparentemente distanciados de lo religioso, desde el ámbito político (especialmente en lo que a veces éste tiene de utópico) hasta el económico, pasando por lo histórico, lo artístico, o cualquier otra manifestación humana, la que sea, que el quehacer del hombre no cesa nunca. No se trata aquí de panteísmo o de sincretismo religioso. Me refiero a aquel impuso que define las primeras y conocidísimas líneas de las Confesiones agustinianas [2].


La fe, por tanto, no es un proceso personal de autoafirmación, sino un don dado de lo alto que hay que acoger personalmente, y los sacramentos no son una suerte de sortilegios mágicos con los cuales el hombre se esfuerza por alcanzar el beneplácito divino. Los sacramentos son celebración de la fe vivida. Hablar de Iglesia debe remitir siempre al don del Espíritu Santo, no a patrones sociológicos de consenso. De la comunión con Dios mismo -he aquí los sacramentos- nace la comunión entre los hombres. Esta es la verdadera apuesta por la esperanza del ser humano. Como recuerda Ratzinger en el artículo citado, Communio es un concepto teológico y es además un concepto sacramental. 

NOTAS
[1] Joseph Ratzinger, "Teólogos de centro", discurso pronunciado en septiembre de 1992 con motivo del XX aniversario de la Revista Internacional de Teología Communio. Puede encontrarse en Ser cristiano en la era neopagana, Encuentro, Madrid 1995, pp. 51 y ss.
[2] San Agustín, Confesiones, Libro 1, capítulo I, 1: "Grande eres, Señor, y muy digno de toda alabanza [...]; porque nos creaste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti".

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