viernes, 14 de mayo de 2010

"La última cima" y el porqué del sufrimiento

La última cima, sobre la vida del padre don Pablo Domínguez... 
Cartel de la película
He hecho llegar a varias personas el segundo tráiler de la película documental La última cima [1], en la que se narra la vida del presbítero Pablo Domínguez Prieto, de quien fui alumno. Se estrenará el próximo junio. En el tráiler, una amiga del padre Pablo cuenta cómo éste la ayudó en el duro trance de su tercer embarazo, del que nació su hijo Juan, que venía con muchos problemas y que murió al tercer día del parto. Una antigua y querida alumna a quien le envío el vídeo me dice:
"Gracias Álvaro. Tiene muy buena pinta, estaré atenta en junio para ir a verla, que es cuando presuntamente se estrena.
En cuanto a la mujer me ha admirado la forma de afrontar la situación, ¡qué valor! También me parece curioso que esta experiencia le ayudara a acercarse a Dios ¿Por qué crees que fue así? A mí me hubiese pasado lo contrario
".
Mi respuesta, tal y como se la he hecho llegar a ella, es la siguiente:

"Cito tus palabras, y después trato de responderte: "[...] me parece curioso que esta experiencia le ayudara a acercarse a Dios ¿Por qué crees que fue asi? A mí me hubiese pasado lo contrario". Has dado en el clavo de lo que es el extremo de la experiencia de creer o no creer. Esta pregunta que haces es la esencia de una cuestión: "Si suceden males, o una de dos: a) Dios existe y permite el mal; entonces es que Dios es un sádico y un perverso, de modo que no parece conveniente creer en él; b) Dios no existe, porque si existiese no permitiría el mal en el mundo (se espera que Dios sea bueno infinitamente); o existe, pero no puede evitar el mal, entonces este no es Dios -a quien se supone todopoderoso- es decir, no existe". Esta es la cuestión que me planteas, lo hayas pensado tan sucintamente o no. Pero sin embargo, al ver ese vídeo, surge en nuestro interior la certeza de que la decisión de la mujer es la correcta, y la más generosa... No parece una tarada mental o alguien a quien hayan comido el coco, o alguien masoquista a quien le gusta ir buscando el sufrimiento. Y nuestro interior sigue sosteniendo que si Dios fuera bueno el mal no sería ya; pero, a la vez que pensamos eso, el testimonio del vídeo nos parece un ejemplo coherente de bondad, de generosidad y de entrega. E incluso lloramos (yo lo hice). E incluso tenemos 'envidia': yo me hubiera alejado de Dios si permitiese en mi vida una cosa así, pero esa mujer... esa mujer no sólo no se alejó, ¡es que encima afirma que es la experiencia que más le ha acercado a Dios de entre todas las vivencias de su vida! ¿Es que estamos locos? Yo mismo: la enfermedad, hasta ahora, me lo ha ido quitando todo: dejé mis clases de Filosofía, me van ahora a quitar el sueldo, estoy atado de pies y manos, ¿con qué voy a dar de comer a mis hijos, si la espalda no me deja trabajar? Parece que Dios se ha ensañado conmigo... Y sin embargo, jamás estuve tan cerquita de Él -con mayúscula-. Y sólo hay una respuesta: si ese Jesús de Nazaret es quien él decía ser -Dios, el Hijo-; sólo si esta premisa es válida, Dios existe y en la Cruz murió Dios mismo. ¿Entonces -te preguntarás quizá- Dios ha sufrido como tú con tu columna, como esa mujer con su hijo muerto en dos días? No, ha sufrido muchísimo más aún, ya que en Dios -si es verdad que Jesús en la Cruz es Dios muriendo- sufre en la medida de su ser. Yo soy hombre y mi capacidad de sufrimiento es limitada, pero en Dios infinito el sufrir es infinito. Si todo acaba con la muerte, no se me ocurre cosa más absurda que la vida humana, pero si tenemos una misión más allá de esta vida, entonces todo cobra sentido. Ese niño de dos días no está muerto (su cuerpo sí), está en la eternidad de Dios. Mucho más 'vivo' que tú y que yo en este preciso instante. Pero todo esto sólo vale si es verdad que Jesús es Dios muriendo en la Cruz. A todas las demás religiones se les pueden reprochar las objeciones a) y b) que te dije antes. Al cristianismo no. Primero porque el cristianismo NO es una religión; segundo porque el cristiano está entrenado en el sufrimiento: su Dios -que es el de todos, ya que si hay dos dioses no hay ninguno- es un Dios que ha sufrido. La Cruz nos da la respuesta. ¿Puedes, por muchísimo que te esfuerces, añadir un solo minuto a la medida de tu vida? Fíjate que te digo un minuto, y no un año o un lustro. Un minuto sólo... y no podemos dárnoslo. ¿Y sabes por qué Dios permite el sufrimiento? Para sacar un bien mayor, que antes no estaba: como este mensaje que te escribo o lo que le sucedió a esa madre; si ella hubiese abortado, nosotros no sabríamos nada de su ejemplo. Sería una cifra más dentro de la estadística de abortos, y nosotros nos hubiérramos perdido lo bueno que es Dios en medio de un sufrimiento atroz en el que, de ser por nosotros, hubiéramos salido corriendo, como bien reconoces tú misma. Has dado en el clavo, porque sin la respuesta a esta pregunta la fe no es fe. Creer en Dios cuando todo me va bien es creer en un Dios-ídolo que satisface mis deseos. Este mensaje que te escribo o ese otro testimonio son el bien que Dios ha sacado de sufrimientos muy concretos; y tal vez este mensaje que te escribo sea nuestro pasaporte a la fe y a la vida eterna en el momento terrible en el que llegue la prueba y estemos tentados de dudar de Él".

NOTAS
[1] Inserto el vídeo en este blog, abajo a la derecha, pero también pinchando en el cartel de la película se va al enlace respectivo.

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