miércoles, 7 de abril de 2010

Inventar en liturgia (I)

¿Podemos inventar a nuestro gusto la liturgia?...

El número 1124 del Catecismo de la Iglesia Católica afirma (la negrita es mía):
La fe de la Iglesia es anterior a la fe del fiel, el cual es invitado a adherirse a ella. Cuando la Iglesia celebra los sacramentos confiesa la fe recibida de los Apóstoles, de ahí el antiguo adagio: "Lex orandi, lex credendi" ("La ley de la oración es la ley de la fe") (o: "legem credendi lex statuat supplicandi" ("La ley de la oración determine la ley de la fe", según Próspero de Aquitania, siglo V, ep. 217). La ley de la oración es la ley de la fe, la Iglesia cree como ora. La Liturgia es un elemento constitutivo de la Tradición santa y viva (cf. Dei Verbum 8).
La Revelación es luz para el hombre
         Leyendo una interesante entrevista realizada a Don Nicola Bux bajo el título: 'Volvamos a la Tradición: será un progreso', donde él cita expresamente este número, he creído necesario escribir un artículo en el que se considere la legitimidad de polos opuestos que, en materia de liturgia católica, oscilan entre innovadores y tradicionalistas. Ni qué decir tiene que esto debe enfocarse bajo el prisma de la reforma litúrgica iniciada por Benedicto XVI, que tanto revuelo ha causado. Aquí, la afirmación basada en la Dei Verbum del Vaticano II, "la Liturgia es un elemento constitutivo de la Tradición" es la clave fundamental -donde la Tradición es una de las dos fuentes de la Revelación (la otra es la Sagrada Escritura)-. Es decir, y traduciendo la frase en términos que emplea Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret: la Revelación se ha hecho Liturgia. Por otra parte, la reforma litúrgica del actual Papa de la que se habla se refiere al motu proprio Summorum Pontificum, de julio de 2007. Hace ya casi tres años de este texto, mediante el cual se restaura la celebración de la Misa en latín.

          El peligro a denunciar es siempre el de la instrumentalización de la Liturgia, de donde ésta pasa de ser fuente de la vida cristiana a mera acción humana. Ésta desviación se manifiesta como horizontalismo de la asamblea, u horizontalismo concéntrico, que desvía el centro de atención de Dios al hombre, mientras que la esencia de la Liturgia radica en su dinamicidad orientada ad Deum. Por contra, pretender que la asamblea es un fin en sí misma, de modo que a veces se dé más importancia a las vivencias personales que a lo que la Palabra de Dios tiene que decir para transformar esa vivencia, es un error a menudo demasiado frecuente.

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