miércoles, 14 de abril de 2010

¿Derechos de los animales?

¿Puede hablarse racionalmente de 'derechos de los animales' o de una 'Declaración Universal' de los mismos? 
Vamos abordar el tema desde la perspectiva del concepto cristiano de Creación: es más bien una obligación moral del hombre el atender y cuidar la tierra, sus habitantes −plantas y animales− y sus elementos −agua y todos los demás recursos−. Una reflexión básica sobre ética y valores soluciona el tema. Por otra parte he de decir que en ocasiones la defensa acérrima de los 'derechos' de los animales se corresponde con la incapacidad del propio ser humano para aceptar que hemos llegado a una grave degeneración en el cumplimiento de nuestros deberes morales (en el fondo, negarse a ver el 'pecado', esa palabra). Y es que, insisto, la reflexión debe centrarse en por qué el hombre es capaz de destruir o dañar otras especies en lugar de colaborar en su cuidado. Sólo desde ahí surgirá una cabal interpretación no de los 'derechos de los animales' sino de lo que el hombre les debe en justicia. O, si se quiere hablar de derechos de los animales, hemos de tener claro que el ser humano es quien debe de ser un depredador voraz. Debemos atender con justicia nuestras obligaciones hacia el resto de los seres vivos y del entorno. Es decir, es una cuestión de la relación justa que debemos tener con el entorno, con lo ecológico, y esto incluso para lanzar la pregunta metafísica por el futuro escatológico de todo el cosmos. ¿Con qué sentido fue creado? ¿A qué fin apunta? Se trata de una relación de justicia que invita a ahondar en la profundidad de esta virtud cardinal de la justicia y su dinámica totalizadora. Así se salvaguardará eso que tanto escandaliza a algunos de los defensores de los 'derechos de los animales': la supremacía y dignidad del hombre en lo que realmente significa. De hecho, los que postulan los 'derechos animales' (algunos, no todos) se escandalizan de estos conceptos porque los entienden mal: tal 'dignidad' humana sería vista por ellos como una clase de prepotencia totalitaria. Pero la supremacía y dignidad de la especie humana, en lo que realmente significa, no es eso. Es más bien una primacía 'diaconal', esto es, 'de servicio'. El hombre es superior porque está llamado por Dios a servir y no a ser servido. De este modo, y entroncando de nuevo nuestra reflexión con la virtud cardinal de la justicia, consiste la dignidad humana en el desarrollo del servicio justo, y viceversa, en el crecimiento de una justicia 'diaconal'. Sirviendo a la Creación, el hombre cumple con su papel, su misión, y su proyecto ontológico. Si se ahondara en esta comprensión, los defensores de los 'derechos' de los animales intuirían tal altura de miras en la propuesta de la Revelación que su actual reivindicación les parecería tan poca cosa como estéril, entenderían lo estúpido de una postura que a la vez está denigrando al propio hombre y subestimando su destino de plenitud (destino pleromático), el cual está vinculado a toda la Creación que nos rodea y en la que estamos existiendo.

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