sábado, 6 de marzo de 2010

Manifiesto a favor de la vida II

¿Qué queremos decir cuando decimos: ' a la vida'?
Se niega el derecho a la vida porque se niega la idea de redención, tal y como la expone la fe católica. Repito: se niega el derecho a la vida porque se niega antes la redención, y no al revés: "Un llamamiento genérico a "afirmar la vida" o a "decir 'sí' a la vida" [...] no agota el misterio de la redención tal y como la Iglesia intenta vivirlo" (Comisión Teológica Internacional, Cuestiones selectas sobre Dios redentor, 3; del año 1994). Dicho de otro modo: negar el derecho a la vida es, en el fondo, negar la redención. Dejar esto claro es vital, ya que incluso muchos deciden no tener hijos -cuando no abortarlos- apelando a que este mundo es injusto y malo, y que sería fastidiarle la vida a alguien el hecho de traerle aquí 'sin preguntarle'. Puede parecer absurdo, pero así se piensa. Si alguien no sabía hasta ahora distinguir qué es la falsa compasión de la verdadera, tiene en lo dicho hasta aquí un ejemplo perfecto. Es demoníaco, como todo lo enemigo de Dios. Si el mal se presentara mostrando su cara, casi nadie caería, por eso el mal siempre se presenta sub specie bonitatis ('bajo apariencia de bondad'). Si yo quiero mentir a alguien, todo mi esfuerzo irá encaminado a hacer creer que lo que digo 'existe', aunque en realidad no sea así. Si no, el otro no creería jamás mi mentira: si alguien cree una mentira es precisamente porque piensa que es verdad. Esto es así salvo que la corrupción sea tal que se llegue a buscar el mal por si mismo. En ese caso, el rechazo al Espíritu es total e imperdonable.
Pero retomemos el tema. La redención supone un estado previo de justicia, ya perdido. El verbo latino redemo, redimire, significa literalmente re-comprar, volver a comprar algo que ya se tenía. Redimir al hombre supone dos cosas: que el hombre antes vivía un estado de justicia original por el acto creador de Dios; y, en segundo lugar, que el Redentor ha tenido que volver a comprarnos. Según la fe católica la compra se ha realizado a muy alto precio: se ha pagado con la Sangre de Cristo. Negar el derecho a la vida, como hoy se hace con el aborto, supone negar antes este principio redentor. Incluso el que jamás haya oído explícitamente la doctrina de la redención que acabamos de exponer, la estará negando al atentar contra la vida. Y es que el hombre está muy bien hecho, y no puede realizar actos contrarios a aquello para lo cual está creado sin negar a la vez y previamente toda la Revelación, haya estudiado un catecismo o no lo haya hecho. Si una sociedad enferma que acepta el aborto empezara a plantearse que no se puede atentar contra la vida, ya habría empezado el camino de retorno a Dios. Pero es tal el odio con el que engaña el demonio, que se prefiere el mal antes que reconocer que se está equivocado. De algún modo, esto ya lo denunciaba mi querido Sócrates, el primero que formuló la idea de que es mejor morir que cometer el mal. Juan de la Cruz y otros santos lo repetirán a menudo: 'antes morir que pecar'. Pero se atenta contra la vida porque se piensa -pobres de nosotros- que la muerte es el peor de todos los males... Increiblemente, se mata a la vez que se piensa que nada hay peor que la muerte, y así el hombre, esclavo por el temor a la muerte que le domina, se convierte en servidor de la muerte creyendo evitarla. Sócrates, permítaseme la paráfrasis, decía que ignoraba qué había más allá de la muerte, pero de lo que estaba seguro era de una cosa: que no era el peor de los males. Porque el peor de los males que puede sufrir un hombre es, precisamente, cometer el mal. Ese es el peor de los males: cometer la injusticia por temor a la muerte. Algunos, con tal de evitar la muerte, tienen la osadía de hacer cualquier cosa... por eso no hay mayor extravagancia que el pecado. La paradoja es clara: se cree evitar la muerte blandiendo el aguijón con el que nos lacera. Permítaseme acabar citando las palabras que Platón atribuye a Sócrates:
"Hay muchos medios, en cada ocasión de peligro, de evitar la muerte, si se tiene la osadía de hacer  y decir cualquier cosa. Pero no es difícil, atenienses, evitar la muerte, es mucho más difícil evitar la maldad; en efecto, corre más deprisa que la muerte. Ahora yo, como soy lento y viejo, he sido alcanzado por la más lenta de las dos". (Platón, Apología de Sócrates, 38e).

2 comentarios:

  1. Pienso que es imprescindible la lectura del documento de la Comisión Teológica Internacional sobre 'Algunas cuestiones selectas sobre Dios redentor' que cito al comienzo del artículo. Como veréis, he incluido el enlace en el propio artículo.

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  2. Al principio del documento que Álvaro cita al principio del artículo, leo al punto 2 de la Parte I.a: "(...)la redención se refiere a Dios -como autor de nuestra redención- antes que a nosotros, y sólo porque es así, puede la redención verdaderamente significar liberación para nosotros y puede ser la Buena Noticia de la Salvación para todo tiempo y para todos los tiempos. Ello quiere decir que sólo porque la redención se refiere primariamente a la bondad gloriosa de Dios, más bien que a nuestra necesidad -aunque la redención atiende a esta necesidad-, es una realidad liberadora para nosotros." La historia nos enseña que el hombre puede volverse malo, cometiendo la maldad. En mi idiona nativo, el italiano, 'malo' se traduce con la palabra 'cattivo', que viene del latín 'captivus', eso es: cautivo, prisionero. Prisionero del mal. Quien es prisionero necesita una intervención desde fuera, por si mismo no puede librarse. De allí la misión de todo cristiano de enseñar -con la ayuda de la gracia- a quien no lo conoce el rostro bondadoso de Dios, verdadero principio de toda verdadera liberación.

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