miércoles, 17 de marzo de 2010

La Rosa de Oro del Domingo IV de Cuaresma

Estamos en la Semana IV de Cuaresma, semana que comenzó el pasado Domingo IV de Cuaresma...
Sobre este domingo, escribía hace unos días una reflexión sobre la parábola del hijo pródigo en la que quería exponer la idea -poco o nada oída- de que Jesús es el verdadero 'hijo pródigo': Él ha sido verdaderamente generoso -pródigo- en derramar su sangre por amor al Padre y por todos los hombres.
Rosa de Oro, Biblioteca Apostólica Vaticana

Ahora vamos a ahondar en otra idea apenas conocida por muchos cristianos, como es la tradición de la Rosa de Oro que el Papa bendice en este Domingo IV de Cuaresma. Como ya sabrán muchos, este Domingo cuarto es el centro de la Cuaresma, y se ha llamado Domenica laetare (domingo del alegraos). Esto recuerda al Domingo III de Adviento, llamado Domenica gaudete (que puede traducirse igual, pues gaudium es 'gozo', 'alegría'). Los imperativos 'gozad' y 'alegraos' ya indican de lagún modo el carácter de estos dos domingos. En lo que al Domingo cuarto de Cuaresma respecta, su 'nombre' laetare (imperativo del verbo laetor) le viene de la primera palabra del “introito” de la Misa de este domingo “laetare Jerusalem” ("Alégrate Jerusalén"; cf. Is 66, 10: "Congratulaos con Jerusalén, regocijaos con ella todos sus amigos, llenaos dealegría por ella todos los que por ella hacíais duelo"). Por su anuncio de la Pascua, comúnmente llamada "Pascua florida", también se ha llamado 'Domingo de las rosas'. Pues bien, en este domingo, el Papa bendice una rosa de oro, la unge con el Santo Crisma y la inciensa o espolvorea con polvos olorosos. Se trata de un sacramental, que, tal y como define el Catecismo, es un "signo sagrado con el que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida" (cf. CEC, 1667). Esta bendición de la rosa sustituye a la bendición "de las llaves de oro y plata, con limaduras de las cadenas de san Pedro, que los soberanos Pontífices enviaban antiguamente a los príncipes cristianos, en pago de haberle proporcionado ellos reliquias de los apóstoles" (así según el Liber Sacramentorum del cardenal Schuster). Además, de la rosa viene el hecho de que para este domingo se usen vestiduras de dicho color para el celebrante, aunque en las parroquias esto no suele verse, dado que no siempre se dispone de casullas  y estolas de color rosa. Igualmente, en este domingo se puede adornar el altar con flores y se puede emplear el órgano, como en una especie de paréntesis de la penitencia cuaresmal en el meridiano temporal de este tiempo litúrgico. Pero, ¿de dónde viene exactamente la figura de la rosa?

La ceremonia de la rosa en Roma data del siglo XI (parece que del Papa León IX, año 1.049, según hace notar M. Flaker), y hay dos opiniones. Puede venir de la tradición oriental de Bizancio, donde a media Cuaresma -para ellos en el tercer domingo- se celebra una fiesta en honor de la Cruz, a la cual se hace una ofrenda de flores. La otra versión es que antiguamente en Roma se iniciaba un ayuno que duraba las tres semanas anteriores y era preparatorio de la Pascua. tal ayuno, por ser tan importante y largo, se solemnizaba en su comienzo con una celebración más rica en signos y no tan austera como los domingos y ferias anteriores. Del comienzo solemne de dicho ayuno vendría la bendición de la rosa, que siempre se ha considerado místicamente signo de Cristo resucitado, tal y como atestiguan los discursos de algunos papas en esta ceremonia.

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