sábado, 27 de marzo de 2010

Dominica in palmis de Passione Domini

Algunos aspectos del Domingo de Ramos... 
Y
a hablé del Domingo de Ramos en un anterior artículo, hace unas semanas (ver aquí). Hoy, porque mañana celebramos esta 'dominica', quisiera añadir algo más. Escribo esto el sábado inmediatamente anterior al Domingo de Ramos; en la liturgia bizantina llaman a este sábado el 'Sábado de Lázaro', y dice el título de su propia liturgia: "Hoy celebramos la resurrección del santo y justo amigo de Cristo, Lázaro, muerto de cuatro días". Bien, pero ahora quiero hacer hincapié en un aspecto que ya señalé en el otro artículo, aspecto que llama la atención pero que del quizá algunos no se hayan percatado aún. ¿No habéis notado el contraste entre la alegría y el carácter festivo con que se celebra la procesión, que recuerda el triunfal ingreso de Cristo en Jerusalén, y los textos posteriores de la Misa inmediatamente posterior, que se centran de pronto en el Siervo sufriente y en la Pasión? ¿Cómo se da este cambio repentino de tesitura? ¿De dónde proviene este 'salto'?

Ya recordábamos en el otro artículo la afirmación del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, donde se afirma (n. 139) que "La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, que comprende a la vez el triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión". Es decir, en el domingo de Ramos se encuentran condensados ambos polos: Pasión y triunfo real. El origen de esta doble polarización contenida en este día proviene de dos ciudades: de Jerusalén y de Roma.

-Jerusalén. A la tradición jerosolimitana debemos la procesión con los ramos y la celebración del ingreso de Cristo en Jerusalén. De ahí la procesión en honor a Cristo Rey. Lo narrado en los Evangelios sitúa la acción en el camino que transcurre desde Betfagé hasta Jerusalén. También después, el mismo Prefacio de la Misa alude a esta entrada de Cristo en la Ciudad Santa.

-Roma. Es la tradición romana la que orienta la mirada a una celebración eucarística precedida de la liturgia de la Palabra centrada en la figura del Siervo (Is 50, 4-7), el salmo que Jesús recita en la crucifixión (Sal 21 como responsorial), el himno kenótico de Pablo (Flp 2, 6-11) y la Pasión del Señor leída de los sinópticos, según el ciclo respectivo (A: Mt; B: Mc; C: Lc).

Por último, un detalle en lo que al signo del ramo se refiere. Es tan válida una rama de palma vistosa y grande como un pequeño ramo de olivo o de otros árboles. No es una más que la otra, como a veces he podido deducir por la actitud de algunos y la vivencia de ciertos grupos. Como esto que afirmo no es opinión personal, recordemos lo que dice el número 139 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia antes mencionado (la negrita es mía):
"La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.
Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.
La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual".
Aparece clara la igualdad de todo tipo de ramo, pues además todos son bendecidos con el rito inicial y previo a la procesión, mediante la aspersión del agua bendita sobre los mismos. Todos los ramos son bendecidos, y no los más grandes solamente, que suelen ser las ramas de palma. Todos los fieles, además, tienen derecho y pueden llevar libremente el ramo que se procuren por sí mismos: no hay, por tanto, dos clases de cristiano: los adelantados que llevan la palma grande y los 'de segunda' que tienen que conformarse con un retoño de olivo o de otro árbol. Si uno trae por sí mismo una palma grande está en su perfecto derecho. Por otra parte, del texto es fácil deducir que llevar rama o palma no es en absoluto obligatorio, sino una costumbre popular de los fieles y la tradición.

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