miércoles, 3 de marzo de 2010

Ayuno y abstinencia: el cuándo y el porqué (2 de 2)

En el anterior artículo hemos visto someramente la normativa actual sobre el ayuno y la abstinencia, donde denunciábamos el hecho de que en algunas comunidades o grupos se ayune el Sábado Santo y no el Viernes de Pasión, cuando en realidad el ayuno es obligado para este último. Ahora toca hacer una brevísima reflexión sobre el sentido o los sentidos del ayuno y la abstinencia.
No sólo de pan vive el hombre... (Mt 4, 3-4)
En primer lugar, el sentido penitencial, de conversión. Todo ayuno violenta, de algún modo, nuestra carne. Nuestro cuerpo, acostumbrado hoy más que nunca a no faltarle de nada, se resiente en esos días en que 'lo ponemos a prueba'; y esto se sufre como una penitencia, se pasa como una prueba. Pero también se celebra, como dice Sacrosanctum concilium: "El ayuno pascual ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión [...]" (SC 110). Aún así, cuando se anuncia el ayuno del Sábado Santo como 'no penitencial' porque se celebra en vistas a la Pascua ya inminente, no se está siendo exacto del todo en esa definición. Y si no que se lo pregunten a nuestro estómago a lo largo de todo el Sábado: 'Será ayuno pascual, pero a mí ya me duele todo el cuerpo por el hambre...'. Bromas aparte, el ayuno es siempre penitencial, señal de que esperamos la inminente Venida de Cristo (hablo de la Parusía); aunque la cercanía de la Noche Santa de Pascua haga del ayuno del Sábado un ayuno de espera gozosa: ayunamos porque nos falta el Esposo.

En consonancia con lo anterior está el sentido escatológico: al prescindir voluntariamente del alimento se está realizando un signo mediante el cual se manifiesta que se espera a Alguien. Ese alguien, Jesús, es más importante que nada y que nadie y, a la vez, hace que todas las cosas y todas las personas sean valiosas en sí mismas si se aman por amor a Él. Ya comamos ya ayunemos, ya durmamos ya velemos: todo se hace con sentido escatológico si es por amor a Dios. La limosna es 'absoluta' si se da por amor a Cristo, que está en el pobre. No se trata de instrumentalizar al pobre para 'darle la moneda a Cristo', se trata de emplear el dinero con sentido cristiano. Así el pobre es amado en sí mismo y por sí mismo, esto es, por amor a Cristo que todo lo mueve. Igual sucede con el ayuno: es la manifestación de una espera. Es una especial pronunciación del Marana Thá de Dios. Como nadie puede servir a dos señores (cf. Mt 6, 24), con el ayuno se abandona la falaz confianza en el dinero para confiar en Quien sólo confiar el amor puede. Todo avance escatológico se alimenta de esta dinámica en la espera de un Nombre: Jesús. Ante este Nombre se dobla toda rodilla en el cielo y en la tierra (cf. Flp 2, 9-11), de modo que podría decirse que ayunando luchamos con el hombre viejo y que nuestro ayuno  en espera y por espera de Cristo es una singular 'genuflexión del alma'.

Muchas cosas más pueden decirse del ayuno, pero baste retener estas dos, donde se muestra el vínculo entre penitencia y escatología, iluminando que la penitencia ni es un fin en sí misma ni se agota en sí misma, como en una suerte de masoquismo morboso. La penitencia no es un fin porque tiende a un Fin -es teleológica-; y es teleológica porque es teológica y fruto de la virtud teologal de la esperanza, pero también de la fe y de la caridad. Dada por Dios y por tanto no un mero esfuerzo humano −comer poco, dormir poco− como si de una mortificación pelagiana se tratase. Si quiere buscarse un ejemplo perfecto de mortificación sana, de amor a la pobreza y al ayuno que en nada se parece al esfuerzo por puños, éste se encuentra en el hermano san Francisco de Asís: sencillez desnuda y simplicitas suave. Sólo desde esta coordenada se entiende que Francisco llamara 'hermana' al enemigo que espanta: la muerte. La «hermana muerte» del Cántico de las criaturas también se adelanta con el ayuno, mientras se abrevia el tiempo de la espera.



San Francisco de Asís


3 comentarios:

  1. Álvaro, me parecen muy acertados tus artículos sobre la abstinencia y el ayuno. Sencillos y completos. Es muy bueno recordarnos unos a otros estas obligaciones tan saludables para el alma.

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  2. Muchas gracias, P. Mario, por tu atención tan solícita. Un saludo.

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  3. Totalmente de acuerdo con el P. Mario Ortega. De hecho, he enviado por correo electrónico a mis contactos (también envié los enlaces a los artículos) el fragmento del primer artículo en que se hace referencia al ayuno el Viernes Santo y de la relajación que se ha hecho al respecto, al menos en las comunidades que conozco. Y lo he enviado, además de por la claridad y sencillez de la explicación, porque se apoya firmemente en el Magisterio y la Tradición, mostrando que no es una opción personal de cada uno hacerlo de una forma o de otra, si no que la Iglesia nos lo manda, como madre que nos quiere y nos muestra y guía por el camino de la Salvación.

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