domingo, 21 de febrero de 2010

Tentaciones de Cristo

Las tentaciones de Cristo

Cristo no cometió pecado

¿Por qué no pecó Jesuscristo, nuestro Señor? En ocasiones se oye, cuando se comentan las tentaciones pasadas por Él en el desierto, que no sucumbió a las insidias del Maligno porque 'supo resistir la prueba'. Sin embargo, esta interpretación, así sin más, deja la puerta abierta a un error cristológico: da la sensación de que Cristo, pudiendo caer, no lo hizo. Pero es un dato clave de la persona del Hijo que, por ser Dios, no podía pecar. Es decir, Jesús es impecable, no porque pudiendo ceder al mal no lo hizo, sino porque no está en su naturaleza la posibilidad de pecar, lo cual es muy diferente. ¿Con qué fin le tentó Satanás entonces? Dice san Agustín sobre el pasaje evangélico de las tentaciones en el desierto que propone la Iglesia para el Primer Domingo de la Cuaresma:
«Cristo nos incluyó en Sí mismo cuando quiso verse tentado por Satanás. Nos acaban de leer que Jesucristo, nuestro Señor, se dejó tentar por el diablo. ¡Nada menos que Cristo tentado por el diablo! Pero en Cristo estabas siendo tentado tú, porque Cristo tenía de ti la carne, y de Él procedía para ti la salvación; de ti procedía la muerte para Él, y de Él para ti la vida; de ti para Él los ultrajes, y de Él para ti los honores; en definitiva, de ti para Él la tentación y de Él para ti la victoria. Si hemos sido tentados en Él, también en Él vencemos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en Él, reconócete también vencedor en Él. Podía haber evitado al diablo; pero, si no hubiese sido tentado no te habría aleccionado para la victoria, cuando tú fueras tentado»

(San Agustín, Comentario sobre los Salmos, Salmo 60, 2-3)
El dato es incontestable, y supone una afirmación de la naturaleza divina de Jesús. De hecho, cuando finalmente el Diablo se aparta para poder tentarle de nuevo en el momento oportuno -en el Gólgota terrible-, un pensamiento ha de asaltar nuestra mente y nuestro ánimo: será Dios mismo en la Cruz quien padezca el tormento fruto del pecado, el tormento que merecían nuestras malas acciones destinadas a la muerte. De no ser tentado Él, no hubiésemos sido salvos nosotros. Así además -y paradójicamente- Satanás se convierte también en instrumento de Dios para, del Mal, obtener el Bien. Prosigue Agustín en el mismo comentario:
«¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en Él, y reconócete vencedor en Él. Podía haber evitado al diablo; pero, si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado».
Esa victoria narrada en el pasaje de las tentaciones en el desierto es ya, por tanto, anticipo de la resurrección. Mucha gente cree que este evangelio se lee en el Primer Domingo de Cuaresma por ser de carácter duro, penitencial, como para movernos a compadecer a Cristo: '¡Oh! Cuánto mal sufrió Jesús en esos cuarenta días'-; cuando en realidad el significado incluye claramente más datos: la Pascua de Jesús es muerte y es resurreción. De este modo, la Iglesia enseña, ya desde este primer momento de Cuaresma, que ella toda es preparación para la Pascua.
Por otra parte, es enseñanza para nosotros de que la tentación, que en sí misma no es pecado (salvo cuando uno se expone deliberadamente a una situación en la que sabe que será tentado, aunque después no caiga), la tentación, repito, es imprescindible para el avance en el camino de la conversión. El cristiano poco docto, tibio, quisiera no verse en estas, no sufrir jamás tentación. Señal es de que no se ama a Cristo: ¿Padeció tentación Él y no vamos a sufrirla nosotros? El cristiano, unido a Jesús, sabe -en palabras otra vez de Agustín comentando el mismo Salmo 60- lo siguiente:
«Pues nuestra vida en medio de esta peregrinación no puede estar sin tentaciones, ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones».
Oración y silencio: las claves para Cuaresma

3 comentarios:

  1. Hola hermano.

    He publicado este artículo en los foros. Le dejo la dirección:
    http://www.es.catholic.net/foros/viewtopic.php?f=33&t=5945

    Decirte

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  2. Una aclaración: tengo la responsabilidad de decir que, después de haber leído de nuevo el artículo, hay una frase que requiere cierta aclaración por mi parte para evitar malinterpretaciones. En el primer párrafo, tras explicar en qué consiste la impecabilidad de Jesús, y justo antes de introducir la primera cita de san Agustín que explica las tentaciones hechas por el Diablo a Jesús, enuncio yo la pregunta: "¿Con qué fin le tentó Satanás entonces?". Creo que todo el mundo entiende el contexto de la pregunta, y que en el fondo el diálogo entre Jesús y Satanás no es un diálogo entre iguales (como pretenderían los seguidores de Mani -maniqueos-). Así, la pregunta "¿Con qué fin le tentó Satanás entonces?" debe entenderse bajo la perspectiva de la divinidad de Jesús, de manera que la cuestión, en realidad, implica que es Jesús el que como Dios que es permite que Satanás le tiente, y bien podría formularse "¿Con qué fin permitió Jesús/Dios ser tentado en el desierto por Satanás?". Tal, de hecho, es el tenor de la explicación agustiniana, como todo lector atento acertará a captar. Muchas gracias.

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  3. Partiendo del hecho que Jesús posee dos naturalezas, humana y divina hemos de pensar que fue con las fuerzas humanas con las que venció las tentaciones, de lo contrario no nos hubiera redimido, lo que Cristo no asumió, no redimió.
    Si bien su persona es divina, es gracias a su humanidad la victoria y en ese sentido en Cristo, somos capaces de vencer las tentaciones y es con Cristo como podemos decir, ya cercana nuestra partida de este mundo: Padre, en tus manos, encomiendo mi espíritu.
    Al igual que Jesús a cada uno de nosotros nos tienta: Bajate de la cruz y creeremos,pero solo con Cristo, en Cristo y por Cristo, vencemos.
    Por otro lado sobre la tentación decía un santo varón: el demonio es como un perro rabioso encadenado, si te acercas te muerde, asi que no es buscando ser tentado, sino buscando a Cristo como podemos salir airosos en las tentaciones y cada victoria nos hara mas fuertes en Cristo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (San Pablo)

    Una abrazo en Cristo: Jósé I.

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