miércoles, 10 de febrero de 2010

Hamartiocentrismo: ¿Aguijón de pesimismo protestante?

El pecado no es el centro de la vida cristiana

Acerca del hamartiocentrismo

El título de esta entrada puede resultar chocante, pero es un tema de gran interés. Por otra parte, tampoco estaba muy seguro de bajo qué etiqueta publicarla, pero ya que impide de algún modo ser fiel a los verdaderos dones de la Iglesia y su comprensión dogmática y eclesiológica (inseparables), pienso que estos son los lugares más adecuados para situarla en el archivo del blog. Espero no equivocarme.
En la facultad de Teología, discutíamos la actualidad de la cuestión y el modo en el que influye en la vivencia de fe de muchos cristianos. No hace falta conocer la palabrita -'hamartiocentrismo'- para ser uno de sus seguidores, del mismo modo que mucha gente de hoy es kantiana sin saber siquiera quién era el filósofo de Königsberg. 'Hamartiocentrismo' proviene del griego 'hamartía' (se pronuncia con hache aspirada, por el espíritu áspero de la 'a' inicial), en griego clásico άμαρτία, que viene a significar 'error grave', 'error trágico' (Aristóteles), y, en nuestras coordenadas de fe, 'pecado'. Sí, esa palabra. Los de fuera de la Iglesia no la hacen ni caso, los de dentro se obsesionan con ella. Eso es 'hamartiocentrismo': pensar que la vida cristiana es algo tan chato que se reduce netamente al consabido 'ahora peco y estoy de bajona, ahora no peco y qué contento estoy'. Esa es una secta de hamartiocentristas, porque otra, peor aún, añade más leña al fuego. Es peor aún por dos motivos: porque sus seguidores tienen la misma característica que acabamos de señalar y una nueva. La nueva es que piensan que lo que a ellos les pasa es la peor de las cruces, que sus pecados son los peores del universo, y así pasan la vida sin levantar los ojos del ombligo. Y cuando lo hacen, es para creer en un Dios que les perdona, pero no por misericordia, sino como quien 'hace la vista gorda'. No os engañéis: utilizan mucho, mucho, mucho la palabra 'misericordia', pero en el sentido que acabamos de exponer.

Kierkegaard
Un ejemplo histórico perfecto es seguro que os suenaun individuo llamado Lutero. Pues bien, esta vivencia trágica de la fe (recordemos al pobre protestante Kierkegaard -y no lo estoy desdeñando-) que supone una cierta protestantización de la misma, ha calado en muchos espíritus católicos. Cristo es el centro de todo, pero porque pedona mis pecaditos; el Espíritu Santo me ayuda, porque me consuela la conciencia... en el fondo, se instrumentaliza lo más sagrado por el mero hecho de que me es útil. El hamartiocentrista hace de Cristo un 'objeto perdonador' y de su Encarnación un 'parche' de última hora que tuvo el Padre que poner porque la Creación le salió rana o se le fue de las manos... No es este el pensamiento de algunos Padres. La teología de Ireneo reclama la reflexión de una cosa: que la Encarnación estaba pensada por Dios desde toda la eternidad, pecase o no Adán, porque había de mostrarse al hombre el verdadero hombre: Cristo Jesús, el Hijo del Padre. De otro modo, María quedaría fuera de la Redención, y sabemos que ella es Inmaculada, no pecó, ni personalmente ni tampoco por ser heredera del pecado original, mucho menos del 'fomes peccati' (=concupiscencia). Se muestra así la nueva Eva, María-la Iglesia. El hamartiocentrista, que hace del pecado el centro de todo lo que le rodea, se ve a sí mismo pecador y, a la vez, no puede dejar de reconocer que Dios es misericordioso y que le perdona; y como la vivencia de esto es insufrible para nadie, no queda otro remedio que el de Lutero, que se vio obligado a vomitar, más por náusea que por el empleo de la razón, que el hombre es 'simul iustus et peccator', rebajando la misericordia de Dios a una mera justicia forense no imputativa. Por eso Trento, en su 'Decreto sobre la justificación', tuvo que condenar todo este embrollo. Pero cree el hamartiocentrista que Cristo murió sólo para perdonar sus/los pecados, y san Juan de Ávila (no confundir con san Juan de la Cruz), en alguno de sus 'Escritos sacerdotales' dice que Cristo entregó su vida primeramente por amor al Padre: fruto de este amor son todos los bienes que recibimos de Él, que no se reducen al perdón de los pecados exclusivamente. Hacer de la comprensión de lo que hemos dicho un punto de reflexión supone empezar a profundizar en lo que verdaderamente es la Encarnación (no sólo un 'parche'), el sacrificio de la Cruz, la Misa, la Inmaculada Concepción de María... El pobre hamartiocentrista hace de su propia carencia el centro de su rumiar y sólo le quedan, si es católico, tres soluciones: protestantizarse, perder la fe (porque no hay guapo que sobreviva la presión a la que somete Lutero), o empezar a comprender que después de una buena confesión empieza una nueva existencia hasta llegar a la Jerusalén celeste (y esto no quita que después de confesarse se reanude la lucha, y quepa la posibilidad de volver a pecar).

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1 comentario:

  1. Interesantes tus aportaciones.
    pero yo añadiría los otros dos términos que pueden usarse para pecado: si bien amartía lo podemos traducir como pecado de iniquidad, la agnosis sería pecado por bestia, es decir falta de conocimiento y anomia, pecado por trasgresion a la ley o norma. Al ver el pecado desde este punto de vista, el pecador cae en una actitud farisaica, donde lo importante para salvarse es cumplir con la ley y quien no cumple es pecador por que pudiendo conocerla no la conoce.
    Cuantos hay que piensan o creen que con una fórmula cuasi mágica ya son salvos: cree en tu corazón y proclama con tu boca que Jesús... y seras salvo. Se olvidan que el mismo san Pablo habla de estar siempre en guardia y ejercitandose no sea que al final sea descalificado.

    Un abrazo en Cristo. José I.

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