jueves, 11 de febrero de 2010

El i-Pad de Dios

Queremos tocar, queremos saber en qué realidades nos tocamos eso esencial que somos y tenemos. El ser humano manifiesta en su progreso algo más que capacidades: se muestra deseando, se descubre en el deseo. Y toca el mundo. Gira la cabeza para acercarse a la nariz de Cleopatra, y a eso, paradójicamente, lo llamamos 'tomar distancia'. Si César o Alejandro hubieran tenido el arma de la inmediatez se habrían embriagado cubriendo distancias sin abandonar apenas los duros mármoles de la patria. Pero también deseaban. Tocar, ver, decir aquí. Y eso es todo un impulso de acabamiento, una procedencia y una remisión: de dónde venimos, hacia dónde vamos. Se puede discutir si en nuestra posmodernidad la razón se ha convertido en un puro factum, una instrumentalidad. Política y economía, hoy, no pasan de aquí, desgraciadamente. Pero es irónico: hasta carente ante sí misma de sentido propio, esa instrumentalidad deviene metafísica. Han presentado el i-Pad como la metáfora viva de la Encarnación del Verbo. Tocar el control que mueve el mundo en unas pulgadas, en un espacio -aquí- y en un tiempo -ahora-. ¿Es la contingencia o es la destilación de la misma para beber el licor de lo absoluto? Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que palparon nuestras manos... Y da vértigo, como aquella cámara de Hitchcock, acercándose al objeto mientras se aleja el zoom.

La Creación, de Miguel Ángel (detalle)

Y da vértigo porque aquí está el problema: lo abstracto en lo concreto, lo absoluto en lo contingente. Este es el mayor desafío a que la razón humana se ha enfrentado jamás. A Kant y a otros les podía parecer todavía que la razón podría fundamentarse a sí misma. Ahora ya no. Muchos candidatos espúreos han pretendido ascender al trono, pero ¡qué miedo da estar allí arriba cuando no se es digno! La razón misma imita en su pretensión absoluta aquel mismo Absoluto que niega. Pero hoy ya no. Desesperados de nosotros mismos, somos razón eficaz y cibernética. Y todo por negar lo histórico en lo histórico que somos, esta carne y estas manos, como alumnos sin pedagogo que se dan clase a sí mismos. Y así seguimos. El error está en obligar al dilema: o el absoluto o la tradición histórica. Elegir lo absoluto al más alto precio: desdeñando lo histórico necesario e insustituible. Como si a las palabras del lenguaje con las que pensamos el mundo le sobraran a la atención benigna de quien esto escruta.

5 comentarios:

  1. PUBLICO UN e-MAIL QUE ME ENVÍA Piero, PORQUE ME GUSTA:
    Soy yo. Bueno soy los dos: 'Piero' y 'piero_70' :)
    Me ha gustado mucho el artículo. En estos días estoy leyendo una 'Introducción general a la filosofía' de J.Maritain. En su introducción, Piero Viotto (como tú, profesor de filosofía) dice que el objeto de la busqueda filosófica es el ser en su inteligibilidad, pero el ser no se agota en la inteligibilidad, presenta aspectos que no son conceptualizables por el hombre (aún así son razonables y podemos hablar de ellos por analogía, ya que el ser es analógico). Yo diría que nos lo enseña tan claramente la historia - Magistra Vitae - , y vienen ganas de decir: "Quién tenga ojos para verlo que lo vea" . Aquí el pecado original lo cometió Cartesio, con su 'Cogito ergo sum', que desembocó más tarde en la idealística identificación entre ser y pensamiento. Luego la euforia positivista acaba con asimilar lo divino a lo tecnológico y ... hoy Steve Jobs, bajando de las altas esferas de Macintosh, es el nuevo Moisés que entrega al mundo las nuevas tablas de la ley en versión i-Pad.
    Gracias a Dios me sigo emocionando más viendo una puesta del sol.
    Un abrazo Álvaro,
    Piero

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  2. DE MI AMIGO:
    David Prieto Araujo commented on your enlace:

    "Muy bueno. Tiene un agradable aire "labordiano"... Si sigues con este ritmo y esta calidad (y, por tanto, profundidad), acabarás escribiendo un buen libro (o varios, por qué no)..."

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  3. Quede claro que lo escrito en el artículo 'El i-Pad de Dios' no es una crítica al progreso tecnológico. He aprovechado la ocasión del fenómeno i-Pad para pensar y reflexionar.

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  4. Me veo sumido en este ritmo frenético de lo tecnológico, donde a penas tengo tiempo para ver, oír y leer todo lo que me descargo de la red. Mi problema radica en que mido a mis alumnos con este mismo ritmo y me olvido de mirarlos, de detenerme a contemplar quienes son porque "me quedo sin tiempo", aquel que necesito para para tocar lo virtual. ¿Dónde queda entonces mi humanidad?
    Y después de esta reflexión provocada por tu artículo no puedo negar que si puedo, me compraría el iPad...

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  5. Quede claro que me haría mucha ilusión que alguien me regalara un i-Pad... Álvaro hay que tener mucho cuidado con publicar mis e-mails :)

    Saludos,
    Piero

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