viernes, 19 de febrero de 2010

El i-Pad de Dios, segunda parte



Henri de Lubac, s.j. (1896-1991)
Leo a Henri de Lubac y, como siempre, me quedo boquiabierto. A de Lubac lo conocí gracias a dos cosas: a mi ignorancia, y a la presentación encendida que del sabio jesuita nos hizo en una de sus clases mi querido maestro Manuel González López-Corps. Hace de eso ya seis años. Mi ignorancia sigue aún hoy. No creo que de Lubac pudiese hacerse una idea de los avances tecnológicos de los que ahora disponemos, como tampoco creo que un Huxley o un Orwell apuntaran con sus vaticinios tan alto como para pensar que nadie superara el listón de la barbarie estéril que encontramos en A brave new world (Un mundo feliz) o en 1984. Ese listón que aterra, pensarían, ha llegado a su cenit. Hoy, sin embargo, el estilo Fosbury está depuradísimo, y cualquier científico manipula embriones, se los carga, los clona, los multiplica, los desecha... y mil cosas más. En definitiva: lo que esos novelistas cuentan, pero más, y encima sucediendo de verdad. Cuando leí Un mundo feliz pasé miedo, pero siempre podía cerrar el libro y decir buenas noches. En la vida real eso, me temo, no puede hacerse, por mucho que algunos se empeñen en aquello de 'deja de preocuparte y disfruta'. No creo, decía antes, que de Lubac pudiese hacerse una idea de nuestros avances tecnológicos, y esto en el sentido de que jamás pudo pensar en un i-Pad ni en cosa semejante. Pero profetizó al milímetro la tiranía del cientifismo, del tecnologismo o del 'nihilismo tecnológico', como dice V. Puig en el prólogo introductorio, prólogo excelente. La obra, El drama del humanismo ateo, es portentosa. No es ahora mi interés hacer una recensión del libro, pero en él de Lubac se enfrenta a otros tres profetas también, aunque de otro bando: Comte, Feuerbach, Nietzsche. Este último ya formaba parte de otro tridente que da cosa: los 'maestros de la sospecha', según la conocida expresión de P. Ricoeur. Estos son, además de Nietzsche, Marx y Freud.
La cosa está ahora en cuestionarse lo siguiente: ¿todo lo que puede hacerse, debe hacerse? En el ámbito científico-tecnológico, ¿todo lo investigable y ejecutable, debe llevarse a cabo? Técnicamente podemos clonar seres humanos, pero, ¿debe hacerse? Y así podemos seguir con infinidad de cosas. En este tema ha insistido Benedicto XVI con gran acierto, y antes muchos otros. Y bien ¿qué decidir? No se trata de la simpleza consistente en, o ser retrógrado, y despreciar el avance, o ser progresista y tirar para adelante. En este caso la sociedad se ha convertido en un asno de Buridán de lo más curioso: no muere de hambre y de sed por no elegir (y esto es ya elegir); sencillamente languidece y muere por elegir su propia insensatez. Estamos en una era de posmodernidad que se define, precisamente, por ser el momento de la poshumanidad... Seguiremos con el tema.

2 comentarios:

  1. La lectura de este artículo me ha impulsado a leer otra vez la Gaudium et Spes del Vaticano II, que no deja nunca de sorprenderme por su impresionante actualidad y clarividencia. Cito sólo un pasaje del nm.8:
    "Surgen muchas veces en el propio hombre el desequilibrio entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento teórico que no llega a dominar y ordenar la suma de sus conocimientos en síntesis satisfactoria. Brota también el desequilibrio entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplación. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especialización profesional y la visión general de las cosas."

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  2. Al leer el artículo, me han venido inevitablemente a la memoria unas palabras de Cristo, que se hacen tristemente carne (quizá en el sentido paulino del término): «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»

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