sábado, 6 de febrero de 2010

"Abiertos a la vida": ¿significa 'tener que tener hijos'?

Abiertos a la vida a la luz de la Humanae vitae

Vamos a tratar un tema que es de actualidad, sobre todo entre los miembros del Camino Neocatecumenal, dado que al Sr. D. Kiko Agüello le fue concedido no hace mucho el Doctorado Honoris Causa en Sacra Theologia por sus labores apostólicas, entre las que se mencionó el haber acercado a las familias cristianas la doctrina de la procreación expresada y enseñada por Pablo VI en la encíclica Humanae vitae (en adelante HV).
El artículo empieza con una pregunta: "Abiertos a la vida": ¿significa 'tener que tener hijos'? La expresión 'estar abiertos a la vida', que tanto se oye, puede quedar manida, recortada en su completo significado y, por tanto, mal entendida. No comprender qué doctrina de la Iglesia subyace tras esta expresión conllevará a muchos matrimonios cristianos no pocos sufrimientos. Antes de tratar de responder a la pregunta que da título a este artículo, sin embargo, he de decir que lo que a continuación explicaré no es opinión personal mía -aunque sí una lectura personal- de la doctrina de la Iglesia. Puesto que me centraré en un párrafo muy concreto de la HV, es evidente que no puedo interpretarlo: se trata de una enseñanza pontificia a la cual debo, debemos, obediencia. ¿Por qué anticipo todas estas premisas? Pues sencillamente porque muchos que lean esto se sorprenderán de qué es lo que significa realmente el sintagma 'estar abierto a la vida'.
Vayamos ahora a un número muy concreto de la HV, el dedicado a 'la paternidad responsable'. Se trata del número 10 del documento. El Papa explica los tres 'aspectos legítimos y relacionados entre sí' en los que consiste la paternidad responsable. Veámoslo en las palabras del propio texto (los números en rojo son míos, para facilitar la explicación posterior):
1-En relación a los procesos biológicos, paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones; la inteligencia descubre, en el poder de dar la vida, leyes biológicas que forman parte de la persona humana.
2-En relación con las tendencias del instinto y de las pasiones, la paternidad responsable comporta el dominio necesario que sobre aquéllas han de ejercer la razón y la voluntad.
3-En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada de tener una familia numerosa, ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido.
Traduzcamos ahora a un lenguaje más comprensible qué significa todo esto.
En el número 1 el Papa está citando a Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, I-II, q. 94, a. 2. A los que estén en 2º de Bachillerato les sonará, pues uno de los textos obligatorios para Filosofía en Selectividad, y que tantas veces he tenido que explicar a mis alumnos. Algunos dirán ahora -con los ojos como platos- ¿y qué tiene que ver esto con la cuestión de si ahora debo tener el tercer hijo o no? Pues mucho, o mejor dicho, todo, tiene que ver todo, porque resulta que para tener hijos hay que usar una cosa que nos ha dado Dios y que se llama 'cabeza y razón'. Así que, para los fideístas que digan 'no esto es cuestión solamente de fe', vayamos espabilando. No es cuestión de apretar mucho los ojos y decir 'me lo creo me lo creo', como tantas veces nos repetía Don Javier Prades, actual Decano de la Facultad de Teología 'San Dámaso', en sus clases de Teología Fundamental. Fe sin razón y razón sin fe se quedan inútiles (leed la encíclica Fe y razón -Fides et ratio- de Juan Pablo II, todo un monumento a la racionalidad de la fe). Pero sigamos. Muy resumidamente el número 1 está basándose en la ley natural. ¿Y qué es la ley natural? Ésta se define brevemente como aquella luz con la que Dios ha dotado al hombre (y a la Creación) gracias a la cual éste sabe que el bien debe buscarse y el mal evitarse. El hombre tiene inclinaciones naturales, y éstas son correlativas a los preceptos de la ley natural. Esto significa que lo que el hombre siente de modo natural que ha de hacer es bueno según la razón, y lo que siente como inclinación natural que debe evitarse, malo. Así, pertenece a la ley natural todo aquello que "ayuda a la vida humana e impide su destrucción". Hay elementos de la ley natural que el hombre comparte en común con los otros animales y hay otros que sólo posee el hombre. En común con los otros animales están la conservación de la propia vida, la unión con el sexo contrario, la educación de los hijos y cosas semejantes (sí 'la educación de los hijos', pues también la leona enseña a cazar a sus crías y también otras cosas que antes no sabían y sin las cuales perecerían en la sabana africana). Por otra parte, propio y exclusivo del hombre como ser racional que es (y no hay ningún otro así salvo los ángeles), es buscar la verdad de las cosas y la verdad acerca de Dios, así como vivir en una sociedad humana, gobernada por unas leyes, etcétera. Por tanto, respecto al tema que ahora nos ocupa, el hombre entiende en su razón, y gracias a ella, que debe tener hijos, tal y como descubre por medio de la ley natural. Es evidente entonces que la decisión referente al cuándo tener hijos y al cuántos tener debe realizarse empleando este conocimiento "que la inteligencia descubre, en el poder de dar la vida", de "leyes biológicas que forman parte de la persona humana". Así, puede perfectamente darse el caso de un matrimonio que sea negligente en esta inteligencia de la procreación y peque teniendo un tercer o cuarto hijo -cuando todo apuntaba a que no deberían haberlo tenido- que decidiendo delante de Dios no tenerlo "por algún tiempo o por un tiempo indefinido". Dicho de otro modo: ¿Puede cometerse un error en determinadas circunstancias teniendo un hijo cuando las circunstancias lo desaconsejan? Sí (y esto sin detrimento de que todo hijo que viene al mundo es un bien, que quede claro). Para que quede todavía más claro pondré un ejemplo extremo, tomado de un suceso bien distinto: un violador peca cometiendo tal afrenta, que nunca jamás debería haber sucedido ni estaba en el plan de Dios, pero si la mujer agredida queda encinta, el hijo que ha empezado a formarse nunca, jamás, dejará de ser un bien.
El párrafo que hemos numerado como 2 sigue la misma línea, y se ordena a aclarar que uno puede declararse abierto a la vida a la vez que debe luchar con las pasiones. No siempre la pasión que conduciría a mantener contacto carnal con la esposa o con el esposo es buena. La razón y la voluntad dicen: no, ahora debéis estar en un período de continencia (por la razón que sea), y esto no es incompatible con estar abierto a la vida, lo cual demuestra que 'estar abierto a la vida' no es sinónimo de 'tener que tener hijos'. Si yo he establecido con mi esposa un período de continencia para dedicarnos a la oración durante el cual, como es evidente, no se espera en absoluto que surga un nuevo hijo, y alguien (un catequista, un cura, quien sea), me preguntase -'¿estás abierto a la vida?', mi respuesta sería -'sí', y no podría ser otra. Por otra parte, cuando el Papa habla de razón y voluntad está aludiendo a las capacidades cognitivas del ser humano, que son tres: razón, voluntad y sensibilidad, (mis alumnos estaban hartos de escuchármelo) y sobre las que el actual Papa Benedicto XVI ha insistido en su primera encíclica Deus caritas est. Esta tradición tripartita de las capacidades cognoscitivas del ser humano viene de Aristóteles sobre todo, así que los hallazgos filosóficos de un griego que murió 322 años antes de Cristo también nos ayudan a tener hijos, digamos así, porque la verdad, la diga quien la diga, es la verdad y hay que aceptarla, como tanto repetía Tomás de Aquino.
El número 3 es el más complejo, pero es el que más aclara que el sintagma 'estar abierto a la vida' es una expresión mucho más rica de lo que se piensa y que no se reduce por sistema a 'tener que tener más hijos'. Captar esta riqueza será de gran ayuda, como veremos, pues lo más normal es que toda pareja cristiana pase por algún momento de su historia en el que los cónyuges deban plantearse retrasar o evitar tener más hijos "durante algún tiempo o por tiempo indefinido". Y claro, como se tenga la falsa impresión de que 'estar abiertos a la vida' comporta exclusivamente el imperativo de tener más hijos, cuando lleguen este tipo de situaciones, que es muy normal que lleguen en la mayoría de los casos, se sufrirá innecesariamente. Bien, el Papa dice en tercer lugar que "en relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales" la paternidad responsable se ejerce de dos modos. Atención: de dos modos y no del primero sólo y exclusivamente. En primer lugar está la manera de ser paternalmente responsable "con la decisión ponderada de tener una familia numerosa". La decisión debe ser ponderada, aplicando también lo que el Papa dice en los párrafos 1 y 2 para iluminar las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales en las que se esté viviendo. Nótese que no se dice cifra alguna respecto al número de hijos y que en el saco de condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales caben infinidad de situaciones, tantas como parejas e individuos. Estrictamente hablando, por tanto, nadie puede decidir tener una familia numerosa con un plan preestablecido desde el día de la boda, sino que es una cosa que ha de verse con el paso y el transcurso de la historia matrimonial vivida en comunión con Dios. Por otra parte, como la paternidad responsable exige tener en cuenta las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, para ser llevada a cabo, es posible ejercerla también decidiendo evitar los hijos "durante algún tiempo o por tiempo indefinido". Nótese que el Papa no demoniza, sino que emplea, el adjetivo 'indefinido' para referirse al período de tiempo en el que se evita un nuevo nacimiento, lo cual entra dentro de toda lógica, dado que ninguno de nosotros conoce el futuro, salvo por revelación particular de Dios. Cuando el tiempo en el que los cóyuges deciden no tener más hijos no es indefinido sino que corresponde a una duración determinada, es decir, que delante de Dios y con su auxilio han decidido un tiempo, digamos, de un año, lo más lógico es que sea por distanciar prudentemente los nacimientos. De modo que establecer un tiempo determinado para ello es perfectamente honesto. Dice el Papa, como es evidente, que tal decisión debe ser tomada "por graves motivos y en respeto a la ley moral", y esto afecta a los dos modos temporales ya señalados, el determinado y el indefinido. De otro modo la decisión no sería honesta e, incluso, pecado. Ahora, para los escrupulosos, hay que decir que el epíteto 'graves' aplicado a los 'motivos' que justifiquen el recurso a no tener más hijos por un tiempo no significa que tenga que encontrarse la nación en pleno ataque de bomba nuclear ni nada por el estilo. La palabra 'grave' asusta más de lo que debiera. Además, cuando ya se tienen más hijos, los motivos para atenderlos adecuadamente en todos los sentidos aumentan más de lo que creemos, y suponen cierta gravedad en el compromiso contraído con los hijos que ya existen más que con los hipotéticos, que no existen aún. Un motivo grave, por ejemplo, sería perfectamente esperar algún tiempo por padecer la madre una sobrecarga psicológica que aconseje cierto reposo, el cual redundaría en el bien del hijo o de los hijos ya nacidos y en el bien de los que nacerán en el futuro. Se puede querer tanto a un posible hijo que aún no haya sido engendrado como para prepararle la situación más justa posible si en la voluntad de Dios entra que en el futuro tal hijo nazca, pero nunca en detrimento de los que ya viven. En segundo lugar, el Papa habla del respeto a la ley moral, puesto que para evitar más hijos no cabría recurrir a preservativos, píldoras anticonceptivas, DIU, vasectomía, y tantos otros medios no naturales ni queridos por Dios, y que conducen a pecado grave y aún mortal. Habrá que saber leer el lenguaje que Dios ha puesto en el cuerpo de la mujer (en ello ha insistido mucho Juan Pablo II), para conocer los períodos fecundos e infecundos de ella -pues un varón sano siempre es fecundo y el recurso aquí no tendría éxito-. Dios ha dispuesto sabiamente estos períodos para distanciar los nacimientos, y la experiencia demuestra -como dice Pablo VI en otro lugar de la HV- que no de todos y cada uno de los encuentros conyugales se sigue un nuevo nacimiento. Se puede saber perfectamente que en tal día la mujer muy posiblemente no concebirá y no por ello la unión carnal ese día es pecaminosa, ni se 'está cerrado a la vida'. Ahí están los fines de tal unión: el procreativo y el unitivo. De hecho ha habido gente que ha sufrido escrúpulos acerca de esto por su propia ignorancia, por desconocer algo que estaba en la obligación de saber. Es decir, un hombre casado, que ha sido junto con su esposa el ministro de su propio sacramento conyugal, peca si no ha dispuesto los medios para conocer y distinguir qué es lo unitivo y qué es lo procreativo, y muchas otras cosas, y lo mismo le sucedería a ella en caso contrario. Sería como si un presbítero recién ordenado celebrara estrepitosamente mal su primera Misa por no haber abierto jamás antes el Misal Romano en orden a prepararse debidamente a saber algo que era su obligación. Dicho de otro modo: no hay excusa de ignorancia cuando se ignora algo que debe saberse. Un estudiante está excusado de ignorancia antes de que le expliquen la lección, no después. Una cosa es la ignorancia y otra la ignorancia culpable. Así pues, una pareja infértil pero bien formada en lo que es su obligación saber puede responder perfectamente con un 'sí' rotundo a la apertura a la vida, aunque ambos sepan como prácticamente seguro que de tal o cual encuentro carnal jamás vaya a surgir una nueva vida (salvo milagro). Ahora bien, los métodos naturales, que sí son compatibles con la ley moral a la que alude Pablo VI, también pueden ser utilizados malévolamente, y no pueden ser, como tantas veces se ha dicho con ironía, 'la píldora de los católicos'. Hay que emplearlos delante de Dios, sabiendo que el lenguaje del cuerpo de la mujer es, en su bella y misteriosa elocuencia, también una forma que Dios tiene de comunicarse al hombre para ayudarle a descubrir su voluntad, en orden al bien de los cónyuges, de los hijos ya nacidos y de los que puedan nacer más adelante.
Conclusión. Basándonos en la HV, hemos visto que la expresión 'estar abiertos a la vida' no sólo no es sinónimo de un imperativo: el de tener que tener hijos; sino que entenderlo así tiene consecuencias funestas y no responde al plan de Dios. La riqueza y el contenido de la expresión corresponde a saber hacer historia con Dios a lo largo de los años. Tan absurdo y tan malo sería decir el primer día de casados 'vamos a tener tres hijos' (así hablan los paganos, ¿no?), como decir 'vamos a tener catorce' (que aparentemente es muy virtuoso y generoso). Hablar así supone, en el primer caso, estar cerrado a la voluntad de Dios, y en el segundo, también, además de la presunción de un futuro que sólo se va desvelando con el paso del calendario. He sentido la obligación de aclarar todo esto, ya que frecuentemente he visto sufrir a parejas de amigos que sinceramente y con toda la buena intención pensaban que la Iglesia obliga de algún modo a tener hijos, creyendo que tras la pregunta de 'estar abierto a la vida' se escondía el imperativo 'tienes que tener otro hijo', cuando no es así (además, así se termina dando la razón a quienes acusan de esto a la Iglesia, nuestra madre). Y dado que todo matrimonio va a pasar o ha pasado por el momento en que las circunstancias y la coherencia de fe y de razón les van a obligar a tener que esperar algún tiempo para tener un nuevo nacimiento, una errada comprensión de la cuestión comportará un sufrir grave e innecesario. Es lo que sucede cuando se confunde la concupiscencia con el pecado, que se vive un cristianismo insoportable. Pues aquí igual, estar abierto a la vida es incompatible con sentirse obligado a procrear. Jamás es así. Por otra parte, y ya para acabar, la aplicación sincera de lo que manda la HV desembocaría, sin duda, en el hecho de que en una sociedad como la actual lo más normal sería que las parejas tuviesen, por regla general, un número más elevado de hijos.

Actualización 24 mayo 2012: 
Muy interesante el artículo sobre Allan C. Carlson titulado ¿Por qué los protestantes aceptaron la anticoncepción?

6 comentarios:

  1. Omití decirlo en el artículo, pues creí que era obvio, pero Leire me sugiere que diga lo siguiente: este artículo no es nada, LO IMPORTANTE ES LEER LA HUMANAE VITAE (=HV). Seré sincero: nadie puede pretender hablar de la HV sin haberla leído. Pero no sólo eso: al ojo no avezado al lenguaje teológico y a los textos de las encíclicas se le escapa más del 70% de las ideas allí contenidas -aún leyéndolas- (no exagero)... Así pues: si habiéndola leído sólo se ha comenzado a pensar 'un poquito' acerca de lo que allí se dice, ¡cuánto más grave es hablar de aquello por lo que ni siquiera se ha asomado la nariz!

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  2. Gracias Álvaro aunque antes no era un ignorante, me ha quedado un poco más claro

    DEI VID

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  3. Buenas noches Álvaro.

    Preguntarte si podría publicar este artículo en otro lugar dando la referencia a tu blog.

    Un abrazo en Cristo y María.

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  4. Hola David, he intentado responderte directamente haciendo 'click' en tu nombre, pero como no tienes perfil de blogger no me es posible, así que espero que leas esta respuesta.
    Sí, por supuesto, si crees que publicarlo en otro lugar puede ser de utilidad para que otros lo lean, hazlo. Gracias por consultar previamente.
    Por cierto, como hay varios 'David', ¿podrías decirme cuál eres en concreto? Si pinchas en mi perfil verás mi e-mail de contacto y podrás contactar conmigo directamente, ya que esta pregunta tuya me ha llegado a través de la notificación no-reply de Blogger, y así no puedo tampoco responderte más que publicando aquí esta respuesta.
    Muchas gracias. In Christo.

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  5. Por cierto, y para evitar malentendidos, lo expuesto en esta entrada acerca de la expresión 'abiertos a la vida', de ningún modo puede ser incompatible con una enseñanza fundamental: que todos y cada uno de los encuentros conyugales han de estar dispuestos a acoger una nueva vida. De nada vale esa comprensión 'generalista' según la cual un matrimonio está abierto a la vida si de todas sus uniones una gran mayoría lo están aunque otras no.

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  6. Hola Alvaro:
    hace años lei la Humanae Vitae y te doy la razón, muchos católicos no están acostumbrados al lenguaje teológico, diría que el 90% de las personas que dan charlas prematrimoniales solo citan, sin reflexioanr en lo que dicen. Humanae Vitae, Donum Vitae y Evangelium Vitae son un tesoro que no se ha disfrutado lo suficiente.

    Un abrazo en Cristo. José I.

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