domingo, 24 de enero de 2010

'El Filioque': ¿motivo de desunión? Introducción histórica

La cláusula Filioque

A lo largo de su historia, la Iglesia ha visto expresado el contenido de aquello en lo que cree a través de variadas y numerosas redacciones que condensan, de un modo u otro, la expresión de una profesión de fe exigida para todo aquel que se llame cristiano. Es decir, que aparte del Símbolo de los Apóstoles (el 'Credo corto') -que es el antiguo símbolo bautismal de la iglesia de Roma- y  aparte del Símbolo de Nicea-Constantinopla ('Credo largo'), y que suelen ser usados indistintamente en la misa del domingo, existen muchos otros credos igualmente válidos, pues, como señala el Catecismo (=CEC), "ninguno de los símbolos de las diferentes etapas de la vida de la Iglesia puede ser considerado como superado e inútil" (CEC 193). Entre ellos están los símbolos de las Iglesias apostólicas antiguas (DS 1-64), el Símbolo Quicumque o de San Atanasio (DS 75-76), los credos de algunos Concilios: Toledo (DS 525-541), Letrán (DS 800-802), Lyón (DS 851-861), Trento (DS 1862-1870), o de ciertos papas, como la fides Damasi (DS 71-72) y, ya en nuestros días, el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI. Invitamos a los lectores a buscar y a leer algunos de estos símbolos o credos. De todos modos, el tema que nos atañe -según dice el título- tiene su origen en los Concilios de Nicea (325) y de Constantinopla (381), los dos primeros concilios ecuménicos de la Iglesia.

De ambos concilios nace el llamado Símbolo nicenoconstantinopolitano al que aludíamos antes, el cual "sigue siendo  todavía hoy común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente" (CEC 195); si bien es cierto que este símbolo no fue normativo hasta el cuarto Concilio Ecuménico: Calcedonia (año 451). La cláusula Filioque se refiere a la procesión del Espíritu Santo no sólo del Padre sino también del Hijo, pero no es hasta el primer Concilio de Toledo, año 397, cuando fue añadida la declaración que afirma que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (...Spiritum Sanctum... sed a Patre Filioque procedit). Esta partícula que da origen a una versión del Credo con el Filioque añadido se extendió por el reino franco del tal modo que el papa León III la prohibió en 809, en el Concilio de Aquisgrán.  La redacción original se expresaba diciendo que el Espíritu Santo procede del Padre a través del Hijo (...Spiritum Sanctum qui ex Patre per Filium procedit). Aún así, el Credo con Filioque se siguió empleando hasta que el año 1013 se introdujo en el credo de la Iglesia de Roma, motivado por presiones del emperador Enrique II al papa Benedicto VIII (en la imagen). Desde entonces, en cuarenta años se produjo el Cisma de Oriente (1054), que ya arrastraba coletazos de tensión desde el conflicto fociano (de Focio, santo para la Iglesia griega).
Sea como fuere, dado que el Cisma del siglo XI tiene raíces, intrigas y motivos cuya exposición sería interminable, la cuestión está en de qué modo se ha producido la recepción occidental de Calcedonia, cómo señala acertadamente A. Amato [1]. Esta cuestión la trataremos en una próxima entrega.



NOTAS
[1] ANGELO AMATO, Jesús el Señor, BAC, Madrid 1998, pp. 220.

1 comentario:

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