sábado, 23 de enero de 2010

El Domingo: primer, tercer y octavo día (Introducción)

Una teología cristiana del tiempo implica poner en el centro de la reflexión el día de la Pascua. En virtud del dies Domini se comprende que el devenir temporal no consista en un ciclo de eterno retorno, sino en una dinámica inserta en toda la Creación según la cual todo apunta hacia un fin cuyo presupuesto es racional y querido por la Providencia divina. Esto elimina el absurdo de un devenir temporal que no se dirige a ningún sitio o es fruto del azar o de una suerte de evolucionismo más o menos afortunado [1]. La teología del alfa y el omega es, por tanto, teleológica, y se manifiesta como la expresión en el tiempo humano del amor divino (caritas), es decir, de la inserción de lo eterno en lo temporal, de la duración en el devenir y de lo divino que sale al encuentro del hombre. El acontecimiento de la encarnación es la expresión plena de todo ello, y está ligado a la comprensión del tiempo celebrado por la Iglesia. Así, domingo y misterio de Cristo (encarnación, pasión, muerte, resurrección y ascensión), son inseparables. En este artículo expondremos brevemente por qué el domingo es, a la vez, primer día, tercer día y octavo día, presentando una cardinalidad de la dominica dies aún desconocida por muchos. Lo veremos en sucesivas entradas.


NOTAS
[1] Es de sobra conocida la obra de Jacques Monod (1910-1976), El azar y la necesidad (1971), en la cual el hombre queda reducido a un mono con suerte y Dios a un simple 'Dios del azar'. Premio Nobel de Medicina en 1965, era un militante convencido de las 'bondades' de la eutanasia y el aborto. Su idea de un Dios-azar fue presentada por algunos pensadores cristianos como que Dios no tiene ningún propósito, sino que más bien señala posibilidades; así, antes de la publicación de la obra de Monod, esta idea se refleja en el famoso y controvertido Catecismo holandés (Nuevo Catecismo de adultos), de 1966, publicado justo después del Vaticano II. Este Catecismo supuso una intervención de Pablo VI, dado que sus propuestas doctrinales le dejaron "perplejo" y le suscitaron "serias reservas" (Carta al Card. Alfrink y a los Obispos de Holanda, «L´Osservatore Romano» 13-I-1970). Igualmente en contra de este Catecismo -"nada tiene que ver con la religión cristiana"- se mostró el Cardenal Seper, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

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